Memorias de una geisha, la vida de una artista

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Memorias de una geisha nos sitúa en el contexto de Japón a principios del siglo XX, y nos transporta a una realidad lejana al mundo que conocemos. La pequeña Chiyo y su hermana Satsu son vendidas tras la muerte de su madre y obligadas a abandonar su hogar en la costa japonesa con rumbo a la ciudad de Kioto.

Allí, las hermanas son separadas, y Chiyo es enviada a una okiya, una casa de geishas, en el famoso distrito de Gion. A partir de este momento, el autor describe una realidad muy común entre las niñas y jóvenes en Japón, lejana a la cultura occidental.

La evolución de Chiyo en la okiya, junto con su compañera Calabaza, es admirable durante toda la novela; pasa de ser una niña abandonada y vendida por su familia, en busca de una forma de huir de lo que considera como tortura y decidida a arriesgar su futuro, a una joven que aspira a ser una gran geisha, alentada por su encuentro con el Señor Presidente. Durante toda la novela, Chiyo se presenta como un personaje cargado de sentimientos, fuerte y sensible a su vez, que cautiva al lector por su inocencia y su madurez.

Chiyo admira la belleza de las geishas, sus modales y su disciplina, siendo la criada de la okiya para devolver su deuda, el precio por el que fue comprada.

Arthur Golden nos describe una cultura japonesa tradicional, marcada por la disciplina y la obediencia, y describe la vida de una geisha, de una artista. Toda una vida marcada por una educación determinada, basada en las artes, el baile, la danza, la música… enraizadas en las antiguas y férreas tradiciones, los rituales característicos, contextualizado en la sociedad japonesa de la época.

El mundo de las geishas se presenta como un mundo mucho más complejo del que parece; el sufrimiento de las jóvenes aprendices, su rígida y específica formación, marcado por la frialdad y la superficialidad, en el que la familia y la amistad no existen. Un mundo en el que el dinero lo es todo, así como las apariencias, y la belleza es la clave para el triunfo, donde no hay amor, puesto que lo principal son las obligaciones.

El libro describe las calles del distrito de geishas, Gion, de la ciudad de Kioto, los estanques, las okiyas y las casas y salones de té, las escuelas y los teatros… permitiendo al lector sumergirse en un lugar y una cultura muy lejana y, en ciertos aspectos, desconocida.

Golden, especializado en Historia Japonesa por la Universidad de Columbia, creó el personaje de Chiyo, más tarde Sayuri, a partir del testimonio de Mineko Iwasaki y del libro Geisha de Liza Dalby.

El libro tuvo un fuerte impacto y en 2005 se estrenó la película, dirigida por Rob Marshall y producida por Steven Spielberg, entre otros. La banda sonora de esta película es de John Williams, que colabora con Yo-Yo Ma e Itzhak Perlman.

Sin embargo, frente a todo su éxito, fue fuertemente criticado, especialmente por antiguas geishas, quienes consideraron que Golden había mostrado una visión cruel y radicalmente distinta a la realidad de las geishas en Japón.

El libro Memorias de una geisha es un best seller, que nunca va a pasar de moda. Mezcla la historia y la evolución de Japón durante la primera mitad del siglo XX con una fuerte tradición cultural, refleja la situación de las dos guerras mundiales, especialmente de la segunda, y se centra principalmente en la evolución del personaje de Chiyo, convertida en una gran geisha, segura de sí misma, y con un objetivo a conseguir.