Mónica Oltra, la última víctima del indiscriminado acoso en la red

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La vicepresidenta del Consell, Mónica Oltra, en una rueda de prensa / Foto: ara.cat

Hace unas horas volvíamos a conocer otro caso de acoso en la red a una personalidad pública mediante las grandes cómplices del siglo XXI, las redes sociales. “Graves amenazas a la vicepresidenta del Consell Mónica Oltra en Facebook“, “A ver si violan a tu madre y te matan a ti”: las amenazas a Mónica Oltra en las redes” o “Amenazan de muerte a Mónica Oltra en las redes sociales” eran algunos de los titulares que protagonizaban la prensa esta semana.

Lo más grave no es el hecho en sí, es que parece que nos estamos acostumbrando, que la grave situación y sus posteriores efectos se están normalizando en la sociedad actual. Los ahora llamados “trolls” o acosadores virtuales gozan de una absoluta impunidad en las redes sociales, especialmente en Twitter y Facebook, mientras que las instituciones y los grandes actores de la red siguen de brazos cruzados. Sin embargo, en muchas ocasiones, las víctimas resultan ser los propios miembros de estas instituciones.

Foto: thedailybeast.com

El caso es que las grandes compañías como Facebook, Twitter o Google son utilizadas por estos individuos como medio para difundir sus mensajes propagandísticos o para acosar. El gigante de los buscadores de Internet ha sido el primero en mover ficha. La empresa estadounidense ha anunciando que en 2018 aumentará su equipo de moderadores de contenidos hasta 10.000 personas.

Desgraciadamente, no es la primera vez que Mónica Oltra es objeto de polémica en este asunto. José Luis Roberto, dirigente de España 2000, la amenazó y acusó en su cuenta de Facebook de estar cometiendo irregularidades en su gestión tras referirse a ella como “blandita”, “marisabidilla” o “chivatilla” y calificarla de “repelente niña Vicenta”. Además, el líder de la organización de extrema derecha encabezaba al grupo que la noche del 19 de octubre protagonizó un escrache a Oltra a las puertas de su domicilio particular.

Desgraciadamente, la vicepresidenta de la Generalitat Valenciana no ha sido la única víctima de esta lacra. Damnificados, eso sí, hay de todos los colores y siglas. Hace un par de días conocíamos que el estilista Pelayo Díaz, más conocido por su colaboración en el programa de televisión ‘Cámbiame‘ de Telecinco, había denunciado la persecución que sufre a través de las redes sociales. El desencadenante ha resultado ser la decisión de su compañera de programa, Natalia Ferviú, de poner punto y final a su etapa en ‘Cámbiame‘ y el mensaje que Díaz colgó en sus redes sociales después de conocer su decisión.

El estilista Pelayo Díaz / Foto: Mediaset

Otros casos sonados han sido los de Albert Rivera, Alicia Sánchez-Camacho, Andrea Levy o la periodista de laSexta Ana Pastor. La Policía Nacional detuvo el pasado mes de enero a un hombre de 48 años por amenazar de muerte al líder de Ciudadanos. El detenido fue acusado de un delito de amenazas e incitación al odio. Días antes, Rosa María Miras, una vecina de Badalona de 42 años, fue condenada a cuatro meses de prisión por desear “una violación grupal” a la líder en Catalunya del mismo partido, Inés Arrimadas, en un mensaje en Facebook.

En 2016, el entonces President de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont, recibió numerosas amenazas en su cuenta personal de Facebook: “Se busca muerto o muerto, a poder ser muerto” fue alguna de ellas. El acusado reconoció los hechos y aceptó una pena de un año y tres meses de cárcel.

Foto: Madri+d

La pregunta que como sociedad deberíamos de hacernos es: ¿de verdad se están poniendo las medidas adecuadas para evitar este tipo de acoso? Por si fuera poco, en España no existe legislación para obligar a las plataformas a censurar contenidos pese a algún intento por poner algunos límites a la red. Precisamente, el portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Rafael Hernando, anunció a finales del pasado mes de noviembre que los populares impulsarían un cambio legislativo para evitar que haya perfiles anónimos en las redes sociales. Pero seguimos esperando.