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Cuando la religión se antepone a la libertad de expresión

Opinión

Cuando la religión se antepone a la libertad de expresión

Cuando la religión se antepone a la libertad de expresión

Son ya tantos los casos, que uno se pregunta si realmente tenemos eso que llaman ‘libertad de expresión’.

[3 minutos de lectura estimado]

La religión ha vuelto a ganar la batalla judicial a la libertad de expresión. El juzgado de lo Penal número 1 de Jaén ha condenado a un joven de 24 años a pagar una multa de 480 euros por publicar en Instagram un montaje del retrato de Jesús, donde cambiaba su cara por la del Cristo.

Todo comenzó en abril de 2017, cuando la cofradía de la Amargura tomó esta publicación como una ofensa y pidió a su creador que retirara dicha imagen. Tras la negativa de su autor, alegando su derecho a la libertad de expresión, la cofradía decidió llevar el caso a los tribunales. Allí, el acusado decidió declararse culpable aconsejado por su abogada, por temor a perder el juicio y tener que pagar 2.160 euros o ingresar en presión 180 días en caso de impago, tal y como solicitaba la acusación en un principio.

Según el escrito de calificación provisional de la Fiscalía, el fotomontaje era una “vergonzosa manipulación del rostro de la imagen”, que dejaba en evidencia un “manifiesto desprecio y mofa hacia la cofradía con propósito de ofender”.

Las reacciones en las redes sociales no se han hecho esperar, sorprendiendo e indignando por partes iguales y dando lugar al llamado ‘efecto Bárbara Streisand’ (un intento de censura que acaba con su difusión masiva), donde muchos usuarios se solidarizaban realizando sus propios montajes del mismo retrato de Cristo. Entre ellos, lo hacía el exletrado del Tribunal Constitucional, Joaquín Urías, que señalaba que la sentencia le parecía “una barbaridad”.

Esta no es la primera condena en España a razón de la publicación de contenido en redes sociales que acaba siendo considerado como ofensivo. Ya hemos visto el caso de tuiteros condenados, como es el caso de Cassandra V. , por publicar chistes de personajes durante la dictadura franquista, como Carrero Blanco.

Nos hemos topado también con músicos que son perseguidos por sus letras. Y otro caso que también tuvo su repercusión: la admisión de la demanda a Dani Mateo y El Gran Wyoming por un supuesto delito de ofensa a los sentimientos religiosos, cuando se mofaban a costa del Valle de los Caídos.

Estamos ya ante demasiados casos en muy poco tiempo y uno se pregunta si realmente tenemos eso que llaman libertad de expresión, tal y como queda recogida en la supuestamente inviolable Constitución.

En palabras de los expertos jurídicos, nos encontramos ante un difícil equilibrio entre derechos fundamentales: de un lado tenemos al artículo 525 del Código Penal que dicta que incurrirán en un delito aquellos que ofendan los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, y, por otro lado, el artículo 20 de La Constitución, que nos reconoce el derecho a expresarnos y difundir libremente los pensamientos, ideas u opiniones.

Ignacio González Vega, portavoz de Jueces para la Democracia, afirma que “aunque exista el artículo 525 del Código Penal que castiga la blasfemia, este tiene que aplicarse de manera que prevalezca el derecho fundamental a la libertad de expresión”.

De momento, cada caso es independiente e interpretable según el juez de turno.

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Fundador de Discipuli.es y apasionado por el periodismo. Me encanta el buen cine, las series de Netflix-HBO y los viajes improvisados. Escribo sobre Política, Series, Tecnología y de vez en cuando me aventuro en otros ambientes.

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