Humanos, armas químicas y otros monstruos

0
340

La nuera de Donald Trump fue ingresada el doce de febrero por el contacto con un sospechoso polvo blanco en una carta dirigida a su marido, Donald Trump Junior. Ella afirmó sentir cierto malestar tras tocarlo, por lo que fue trasladada de inmediato al centro médico presbiteriano Weill Cornell de Nueva York y, tras varios análisis, no se encontraron sustancias nocivas en la misiva, aún así, tanto autoridades como científicos investigan el origen del misterioso sobre.

El envenenamiento ha sido, a lo largo de la historia, una forma muy eficaz de o bien una élite oculta entre las sombras del poder o bien un individuo por sí mismo de ‘quitarse de en medio’ al enemigo o rival con la ayuda de técnicas como el uso de gases, contaminación de alimentos, agua o, asimismo, cadáveres infectados.

Hace catorce años, es decir, en el 2004, fueron desactivadas tres cartas bomba que fueron enviadas a La Razón, la Cope y Antena Tres en Zaragoza. Un equipo de técnicos las explotó de forma controlada y nadie resultó afectado, pero, ¿qué hay de los ataques con carbunco de 2001? Esta sustancia, conocida como ántrax, es letal en la mayoría de los casos y, cuando fueron enviadas tras el 11-S tanto a varias oficinas estadounidenses de comunicación como a Tom Daschle y Patrick Leahy, ambos senadores demócratas, el resultado derivó en veintidós infectados, de los cuales cinco no superaron la intoxicación. Hasta agosto de 2008, no se declaró el culpable oficial, quien resultó ser un empleado de Fort Detrick llamado Bruce Ivins.

Fort Detrick es sólo un ejemplo de muchos de los centros en los que se trabaja el desarrollo de armas bacteriológicas. Las armas químicas son principalmente asesinas, aunque no consigan acabar con la vida de la persona, ésta seguramente tenga secuelas hasta el fin de su existencia debido a la ofensiva que supone contra el organismo.

Tragedias como el ataque en el metro de Tokio con el gas sarín o los bombardeos de napalm ilustran su efecto. En 1993 se celebró la Convención sobre armas químicas, un tratado internacional de control de armamento que ilegalizó la producción, provisión y uso de armas químicas, el cual entró en vigencia en el 1997, aumentándose de este modo el Protocolo de Ginebra de 1925. Sea como sea, es innegable el hecho que hay países que siguen en posesión de las antes mencionadas (ya sean del primer o tercer mundo) y que, por lo tanto, en caso de guerra (o atentado) estaríamos sin lugar expuestos a éstas, sólo hace falta apretar un botón, arrojar un cargamento o enviar una carta.