Descubriendo Basilea de la mano de Taizé

0
469

Nos situamos en el año 1940 cuando el hermano Roger decide dejar su país natal, Suiza, para mudarse a Francia. Tras una tuberculosis pulmonar que le movilizó durante años, decide crear lo que él llamaba una comunidad para compartir.

Llegada la Segunda Guerra Mundial y siguiendo el ejemplo de su abuela, se encargaba de ayudar a todas las personas que sufrían esta situación. Así se formó la conocida: “Aldea de Taizé”.

Actualmente, esta comunidad reúne a unos cien hermanos católicos y de distintos orígenes protestantes, procedentes de más de 30 naciones diferentes. La comunidad es un símbolo de reconciliación entre cristianos divididos y pueblos separados.

Como cada año, desde hace 40, Taizé se encarga de reunir a jóvenes de todos los países en un ecuménico encuentro europeo.

El pasado año 2017 fuimos 20.000 personas las que viajamos hasta Basilea para vivir un fin de año de la mano de la esperanza y la fe. Un encuentro que se produjo en uno de los países más diversos en cuanto a creencias religiosas, ya que el 38% de los suizos se declara católico, mientras que el 27% es de confesión protestante.

Puesto que Basilea es una ciudad fronteriza con Francia y Alemania, los participantes del encuentro estuvimos repartidos en casas de acogida de estas tres naciones, aunque todas las noches teníamos la oportunidad de realizar una oración conjunta en el St. Jakob Park, un espacio que orientaba a la meditación y la reflexión sobre uno mismo.

Tras el encuentro producido los años anteriores en Valencia y Riga, llegamos a una ciudad que está considerada la capital cultural de Suiza por todo el arte y la cultura que envuelven sus calles.
Además de los más de 40 museos que concentra la ciudad, también posee un centro histórico con numerosas estructuras arquitectónicas relevantes, como la Catedral de la época románica tardía y gótica o la Universidad de Basilea, esta última reconocida por albergar a intelectuales como Erasmo.

Otro de los monumentos más característicos es la plaza grande del mercado con su palacio municipal adornado de piedra arenisca roja.

Basilea es una ciudad verde con grandes jardines botánicos y parques que se encuentran en la orilla del Rin. Para atravesar el río existe la posibilidad de usar un transbordador. Solo hay que avisar al «Fährimaa» (barquero) con la campana fijada en el muelle, subir a bordo y relajarse durante la travesía. Sin duda, es una experiencia única y muy recomendable.

Lo mejor del viaje fueron las personas con las que compartí tal experiencia. Personas de todas partes reunidas por un motivo tan necesario en la actualidad como el compartir. Os invito no solo a que descubráis la magia que desprende Basilea, sino también a participar en encuentros similares. Tengas la ideología que tengas, creas en lo que creas, vivir este tipo de aventuras te ayuda a descubrir un poco del mundo, y lo mas importante, un poco de ti.

El próximo fin de año Taizé se desplaza a Madrid. ¿Os lo vais a perder?