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Pasión, solo Pasión

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Pasión, solo Pasión

Nazarenos acompañando a su paso en las filas (Junta de Cofradías de Cuenca)

Pasión, solo Pasión

La ciudad de Cuenca ha puesto punto y final a su gran semana de Pasión. La Semana Santa conquense, declarada de Interés Turístico Internacional, es por excelencia el acontecimiento más señalado en el calendario de la ciudad, ya que son miles de nazarenos, conquenses y turistas los que participan cada año en la escenografía de la Pasión de Jesucristo.

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Son treinta y cuatro las hermandades y cofradías que durante todo el año trabajan para poder sacar a la calle sus imágenes, las cuales representan los hechos y personajes más destacados de la Pasión. Todas ellas se encuentran representadas en la Junta de Cofradías, órgano que vela para el desarrollo y promoción de las distintas actividades nazarenas así como de la organización de los desfiles procesionales. Por otro lado, añadir que cada una de estas hermandades posee independencia para su autogestión que a través de sus juntas generales toman los distintos acuerdos y se lleva a cabo la subasta de todos los enseres; es decir; centros, estandartes, guiones y hachones que se portan durante la procesión, como también los banzos que son los puestos que ocupan las personas encargadas de portar las imágenes sobre sus hombros y de ahí su nombre, bancero.

Esta Semana Santa, amalgama de  sentimiento, devoción y tradición, se ve reflejada en las distintas procesiones.
El domingo, en la Procesión del Hosanna, la ciudad agita sus palmas y  ramas de olivos con alegría ante la llegada de Jesús.
En contraposición, la noche del Lunes Santo, el ronco tambor y el canto gregoriano rompe el silencio de las calles conquenses, invitándonos a la reflexión de las últimas palabras de Jesucristo en la cruz. Así llega el perdón del Martes Santo, noche  de esperanza, del amor fraterno, donde miles de nazarenos arropan a sus veneradas imágenes.

Getsemaní está sobre las andas en la Procesión del Silencio del Miércoles Santo. Noche de capuces blancos, de oración, de traición, de cautividad y de negación, llevando la amargura a la Madre. Cuenca se prepara para la Pasión del Jueves Santo. El sonido de la campana anuncia un nueva tarde de Paz y Caridad en la ciudad. El sonido unísono de las horquillas golpeando el suelo nos recuerdan los azotes del Amarrado a la Columna, espinas y caña como corona y cetro para el Rey de los Judíos. Elevando al cielo su mirada de consuelo, carga con la pesada cruz. La Madre, con su silenciosa mirada, en la soledad de la noche cruza el puente siguiendo a su hijo.

Rompe el silencio de la madrugada la turba, tambores y clarines acompañan a Jesús en su Camino al Calvario. Seguido por su discípulo amado, quién señala el camino hacía el Gólgota. La fragua se enciende para calentar a la Soledad de la madruga y miles de corazones se estremecen a su paso.
Al medio día, el Calvario desfila por las calles de Cuenca, mostrando la crucifixión, agonía y muerte de Jesús. La Madre, con su hijo muerto entre sus brazos, es arropada por todos los conquenses. Cae la noche del Viernes Santo, Jesús yacente en el silencio de la calle recibe los honores y acompañamiento de todas las hermandades.
Una nueva hermandad desfila en la tarde del sábado. Nuestra Señora de los Dolores y Las Santas Marías, de luto ante la muerte del Mesías, caminan despacio abatidas por el dolor de la pérdida del ser amado, siendo acompañadas por primera vez por los conquenses en un desfile histórico.
Llego el tercer día y Jesucristo ha resucitado. El encuentro entre Madre e Hijo inunda de alegría el desfile procesional. María es despojada de su manto negro para mostrarnos el verde de la esperanza.

Una Semana Santa singular donde emociona el esfuerzo de los banceros con los pasos al hombro por las calles empinadas y estrechas de la ciudad, ayudándose de horquillas que convierten en melodía su sonido al chocar contra la piedra de suelo. Es el color de aquellos tintoreros en las túnicas y capuces, el tararear de las marchas procesionales y Miserere, olor de cera e incienso, el calor de la luz de tulipa o del sol. Es tiempo de reencuentro y recuerdo.

 

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Hola, soy Henar López, redactora de la revista Discipuli y estudiante de Periodismo y Ciencias Políticas en CEU Cardenal Herrera. Enamorada del arte, viajar y descubrir sitios diferentes.

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