¿Adónde va la basura?

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La gestión de residuos nunca ha sido el punto fuerte del ser humano. Desde el gran estallido que supuso el despliegue de las tecnologías con la Revolución Industrial, el ser humano ha ido produciendo más y más, generando cada vez más residuos, desentendiendose de las formas de reciclaje adecuadas para no perjudicar al planeta, puesto que esto es considerado por muchos como una “pérdida de tiempo” al no recibir las sumas de dinero que podría estar ganando con la realización de cualquier otra actividad de carácter financiero.

 

En los países desarrollados una persona produce de media, 1 kilo de basura al día. En países en vías de desarrollo se produce entre 400 y 700 gramos por habitante al día / Foto: EFE

Si comenzamos por Europa, podríamos poner el dedo en Grecia. La peor zona de Atenas es el suburbio de Tavros, cuyas condiciones de abandono y dejadez son deplorables. Cerca de allí está el nuevo edificio de la Bolsa ateniense, rodeado por chabolas, chatarra y decenas de tropas de escudriña-basuras (extracto de la sociedad que se encuentra en cualquier ciudad del mundo), quienes consiguen acumular unos setecientos mil kilos de acero cada año para luego así venderlos y ganarse el pan. Esta es una forma de reciclaje, sí, pero también es una funesta forma de vida el hecho de tener que vivir rodeados de escombros, o en ciudades donde la basura no deja de acumularse y ningún alto cargo hace nada por remediarlo.

Suburbio ateniense de Tavros / Foto: VICE

En el norte del continente resuena el problema ruso y su particular administración de desechos moscovitas, inconveniente que ha llegado a tal nivel de hacinamiento que incluso en las ciudades vecinas a la capital se está manifestando el pueblo para solucionar el problema que está trayendo consigo hedor, plagas y, por supuesto, enfermedades.

La estrategia de Moscú para gestionar su basura no va ligada a una buena organización del reciclado, por lo que ciudades como Volokolamsk son víctimas de basureros como el vertedero de Yadrovo, el cual emponzoña los alrededores con nubes tóxicas producidas por la misma basura. 

Vecinos de Volokolamsk se manifiestan contra los vertederos. “Mucha gente ha vomitado en casa o ha sangrado por la nariz. Simplemente no van al médico”, atestiguó uno de los presentes. / Foto: Artyom Geodakyan, TASS

El año pasado, en 2017, Putin tomó la decisión de cerrar el vertedero de Balashija, cuya capacidad asciende a las seiscientas mil toneladas de basura por año. Esta clausura supuso la repartición de sus residuos entre las demás instalaciones provinciales, por lo que por una parte es una solución, es un problema para los vertederos cercanos, quienes ahora son responsables de un trabajo adicional y de un mayor porcentaje de malestar en los pueblos circundantes, acompañado por un decrecimiento en la paciencia ciudadana ante la negligencia gubernamental.

Dejando de lado, por un momento, los problemas estatales y centrándonos más en los medioambientales, no hay mejor ejemplo que la acumulación residual del Pacífico Norte, cuyas dimensiones se estiman que rondan los 1.400.000 km². Otro gran impacto medioambiental es el que afecta de forma directa a los seres vivos: los peces mueren enredados por los plásticos, los animales fallecen al alimentarse de residuos y un largo y desgarrador etcétera. La contaminación del agua, de la tierra y del aire es una cuestión que a día de hoy está pasando factura, no es ninguna novedad. Cada país debería acordar programas y políticas que aseguren un manejo correcto que ayude a una reducción de los residuos, pero, en cambio, muchas de las naciones del mundo no están interesadas siquiera en la adopción de energías alternativas o tecnologías industriales limpias. ¿Quién no recuerda el Impuesto al Sol?

Viñeta de Manel Fontdevila

Las energías renovables no son santo de devoción en este país, suponen un obstáculo financiero para las empresas convencionales, quienes llevan las riendas de la electricidad y manejan a su antojo su uso y desuso. Bien es cierto que el consumidor mismo es quien decide qué tipo de energía utilizar, pero claro está que una persona que viva en un piso no podrá instalarse un molino eólico, o que alguien con bajos ingresos podrá poner en su tejado placas solares.

Por último, antes de finalizar, recordar el estado en el que se encuentra el exterior de nuestra Tierra, los cientos de miles de satélites sin vida que la orbitan, vagando sin rumbo a velocidades desmesuradas, chocando entre sí, cayendo finalmente a la superficie terrestre. Tal y cómo explicó un artículo de Business Insider , el 95% de lo enviado a la órbita espacial son, en la actualidad, residuos. Puede que ahí esté la respuesta al porqué los alienígenas no nos han visitado todavía. Como sabiamente transmitió el astrofísico Neil deGrasse Tyson, “si hay vida extraterrestre inteligente, no tendrá interés en contactarnos”.