La vocación del periodista

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Del libro de Kapuściński Los Cínicos No Sirven Para Este Oficio, destaco la gran sinceridad con que describe qué es ser periodista, o mejor dicho, cuál es la vocación del periodismo, ya que no intenta convencer a nadie diciendo que es una profesión difícil. Al contrario, es un oficio complicado en el cual es complicado hacerse un hueco.

Ser un buen periodista es algo muy exigente: lo primero que tenemos que aceptar es el sacrificio al cual nos vamos a exponer. No es terminar la carrera y empezar a trabajar en lo que queramos, sino que, para llegar a ser los ojos de los demás, tendremos que luchar por ello y no conformarnos con lo mínimo, además de mirar más allá para que los demás puedan ver lejos también.

El periodista no cuenta con un horario fijo: los acontecimientos dignos de ser relatados, el tiempo en que suceden no se prevé, por lo que los que se encargan de comunicarlos tienen que estar en alerta en todo momento. El mundo está en constante cambio y, por ello, los que nos queremos dedicar a contar esos cambios tenemos que estar en el mundo, en la calle. Hay que empatizar con las personas que tienen algo que contar a la sociedad, y nosotros somos el intermediario de que disponen; somos, en definitiva, su voz. Por ello, es esencial salir a la calle y conocer y detenernos en aquello que merece ser contado y tener el privilegio de contar algo todos los días, de tomar la realidad en pequeñas porciones y compartirlas para ayudar a entenderla. O de hacer las distancias más pequeñas mediante las palabras, que son nuestro instrumento de trabajo.

El periodista también ejerce una gran función a la hora de denunciar injusticias sociales, como es la pobreza. De acuerdo con el autor, “la pobreza no tiene voz”. Es una parte silenciosa pero que está ahí y no podemos darle la espalda. Hay que ponerle voz a ese silencio.

Es verdad que este trabajo es muchas veces salpicado por la sociedad en que vivimos, es decir, se ha convertido en un negocio donde la verdad ha quedado en un segundo plano. Pero, afortunadamente, siempre hay personas dignas de ser reconocidas como buenos periodistas y conservan los valores que nos deberían caracterizar a todos.

Por último, quiero destacar que una de las cualidades que es necesaria para este oficio tan bonito es la humanidad. Comprender a las personas para poder llegar a ellas y que ellas te lleguen. Aunque nunca dos periodistas que hayan escuchado el mismo relato van a escribir o pensar lo mismo, no quiere decir que carezcan de objetividad, pero cada persona tienen su forma de escribir y de considerar qué aspectos son los más relevantes. “La mejor arma de un periodista es la humanidad, realmente sentir lo que otros sienten”.