Caso ‘La Manada’: ¿Abuso?

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La Manada, tras 21 meses de resolución del caso, llegamos a la sentencia menos esperada para el conjunto de la sociedad. Nueve años de condena para los 5 jóvenes acusados de abuso, librándose así de la acusación sobre violación.

Esta sentencia ha sido un golpe muy duro para todos, una sentencia que tras tanta lucha ha acabado de la peor manera posible. ¿Cómo que abuso? ¿Cómo se puede llegar a cuestionar la acción de la joven? ¿Por qué se pone en duda?

Nos encontramos con 5 jóvenes de elevada edad que han planeado por medio de conversaciones de WhatsApp este tipo de acciones, hombres con antecedentes, que se plantan delante de una joven de 18 años y la violan haciendo de esto un juego, grabándolo y subiéndolo a las redes. ¿Esto es abuso? Esto es violación.

Cuestionar la actuación de la joven durante la violación es muy fácil desde fuera, defenderse delante de 5 hombres que le doblan la edad la envuelve en un estado de shock del que no puedes salir y en el que solo te planteas salir con vida. No se puede poner en duda las palabras y la manera de actuar de una joven que se encuentra en una situación de sometimiento de la que no puede salir por fuerza.

Abuso es contratar a una persona para espiar a dicha joven tras la violación, cuestionando su forma de vida y su vuelta a la normalidad, como si no pudiera volver a la universidad y tuviera que quedarse encerrada para toda la vida a raíz de lo sufrido.

Ya basta de callar, ya basta de aguantar comentarios durante el día, ya basta de salir por la noche con miedo, ya basta de miradas vomitivas que te hacen sentir un objeto.

Esto tiene que acabar. No somos más ni menos, simplemente somos mujeres, personas que queremos que se nos trate por lo que somos y no por lo que decimos, por lo que nos gusta, por nuestra forma de vestir o por nuestras aficiones o trabajos.

Esta sentencia refleja todo lo que queda por hacer para conseguir la igualdad y la justicia en una sociedad en la que en lugar avanzar parece que vamos retrocediendo chocándonos con aquellas injusticias y escándalos que ocurrían hace 100 años y que creíamos resueltas.

Queda mucho por hacer y no podemos quedarnos quietas esperando a que alguien no de la solución, somos nosotros los que debemos cambiar y movernos para que las injusticias y las desigualdades se reduzcan al mínimo.

Élla y su alrededor sufrió y sufre la peor condena de todas viendo como se le cuestiona todo aquel sometimiento que vivió y como estas personas se libran de aquello que cometieron dejando una huella en la sociedad y en todas las mujeres que como ella lo han sufrido.

En definitiva: No estás sola, no estáis solas. Todas, de una manera u otra, lo sufrimos en nuestro día a día y es algo que ha vivido con nosotras durante estos años por el hecho de ser mujer. No somos objetos, no somos de nadie, somos mujeres que luchamos para que esto cambie y para dentro de unos años no tenga que estar escribiendo estas palabras y pueda dar paso a una sociedad en la que prime la JUSTICIA y la IGUALDAD.