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Aquarius, la esperanza de los migrantes

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Aquarius, la esperanza de los migrantes

Aquarius, la esperanza de los migrantes

[15 minutos de lectura estimado]

Sofiane partió con 14 años de las tierras altas de Eritrea cerca de la frontera con Etiopía, un país que, en materia de Derechos Humanos, es considerado como uno de los peores del mundo. Tras atravesar la sabana sudanesa y el desierto, tuvo que llamar a su familia para que pagasen a los secuestradores que lo retenían en Libia. Tras más de un año, logró montar en las embarcaciones de traficantes de seres humanos y ser rescatada en el Mediterráneo. Ahora, a salvo y en proceso de superar la desnutrición que arrastra, quiere aprender español y estudiar para poder tener un futuro mejor.

Como Sofiane, cientos de personas engañadas por las mafias de tráfico de personas, se echan al mar embarcados en un bote de goma, con el único objetivo de llegar a Europa y mejorar sus condiciones de vida.

El domingo 17 de junio, desembarcó en el puerto de Valencia la flotilla del Aquarius, el barco de búsqueda y rescate operado por SOS Méditerranée junto con Médicos Sin Fronteras, con 630 personas a bordo.

El primero en atracar en el puerto de Valencia fue L · Dattilo, una de las italianas con 274 personas a bordo. El desembarco fue tranquilo. Primero entro sanidad exterior acompañada de guardia civil, para realizar un triaje y proceder al desembarco en pequeños grupos.

Los migrantes desembarcando del Dattilo. Foto: Paula Murillo

El segundo en hacerlo fue el más mediático, el barco de búsqueda y rescate Aquarius, con 106 personas a bordo, que llegó a Valencia entre bailes y cánticos de alegría por parte de todos los migrantes a bordo. “Estamos llegando al puerto de Valencia, ha sido una jornada estupenda con una gran sensación de felicidad abordo. Las familias están muy agradecidas a todos los miembros de SOS Méditerranée y MSF que las ayudado durante estos días. Esperamos que esto sea el inicio de un cambio” relataba Alessandro Porro, socorrista de SOS Méditerranée.

En el puerto, también se respiraba esa alegría y esa sensación de felicidad. El Aquarius fue recibido entre aplausos por parte de todas las personas allí presentes intervinientes en el operativo.

El último en realizar el desembarco fue el Orion, con 250 personas a bordo. Es la segunda de las navieras italianas, a las que se transfirieron aquellas personas menos graves.

En total 630 personas, desembarcaron en el puerto de Valencia. El aumento de la cifra se debe a un bebé nacido a bordo del Aquarius durante el trayecto. Según afirmó Jorge Suárez, el subdirector general de Emergencias de la Agencia Valenciana de Seguridad y Respuesta a las Emergencias, en el conjunto del pasaje se detectaron 31 nacionalidades diferentes, con predominio de las personas procedentes de Sudán, Argelia, Eritrea y Nigeria.

Entre las 630 personas llegadas, hay 510 hombres, 52 mujeres 68 menores, de los cuales 48, son menores no acompañados.

Una bienvenida llena de cariño

Una vez desembarcados, los migrantes, pasaron un triaje por parte de Sanidad Exterior y Sanidad Universal, acompañados en todo momento por intérpretes de la Generalitat y por voluntarios de Cruz Roja, para hacerles los trámites más llevaderos y servirles de apoyo.

Tras haber terminado todos los trámites, aquellas personas que presentaban patologías más graves fueron trasladadas al hospital, mientras que el resto, fueron trasladas a diferentes alojamientos temporales ubicados en Valencia, Castellón

Los miembros de la Cruz Roja dan la bienvenida a los migrantes. Foto: Paula Murillo

y Alicante.

En los alojamientos, los migrantes recibieron la bienvenida por parte de los miembros de Cruz Roja, y fueron agrupados según su condición: hombres, mujeres, menores, menores no acompañados o familias. Se tuvo especial cuidado de no separar a las familias, pues es un vínculo y un apoyo muy importante en estas circunstancias.

 

En el albergue los migrantes pudieron ducharse, cambiarse de ropa, comer y descansar en sus camas. Los voluntarios de Cruz Roja hacen turnos rotativos para ocuparse de la gestión del albergue y cubrir las necesidades de las personas migrantes. En albergue habilitado en Valencia se han vivido escenas muy emocionantes a lo largo de estos días en las que se ha podido ver como algunas de las mujeres albergadas se fundían en un abrazo con los voluntarios de Cruz Roja.

Las mujeres albergadas abrazando a los miembros de Cruz Roja. Foto: Paula Murillo

La Cruz Roja, como relatan sus voluntarios, se muestra como un apoyo para todas estas personas que han llegado a Europa huyendo de sus países. Maria José Talaverano, coordinadora del ERIE Psicosocial, contó que una de las historias que más le había marcado, fue la de “una joven de 20 años que cogió de la mano a una compañera y no la soltó en ningún momento, lo que hizo que se sintiera a salvo”, porque “fue su ancla, su acompañamiento”.

“Dentro de toda la dificultad, verla cogida de la mano fue fundamental para hacerla sentir a gusto”, indicó, y agregó que “ver su sonrisa fue estupendo”.

Para Talaverano fue una intervención “muy bonita pero muy dura” que fue compensada por “las caras de agradecimiento y alegría que han visto en los pasajeros de los barcos”.

Así mismo, el referente del equipo ESIE de Cruz Roja, destacó la importancia de atender a los niños y jóvenes en situaciones en las que son especialmente vulnerables y relató que, a través del juego y el acompañamiento, consiguieron que los menores “sigan siendo niños en situaciones de emergencia”.

Justa explicó que durante el operativo se atendió a un total de 124 niños y jóvenes, que en el primero de los barcos, el Dattilo, eran de entre 15 y 17 años y en el Aquarius de entre 3 a 15 años.

La labor de la división de infancia y juventud de Cruz Roja, explicó Justa, “es velar por todos los niños y jóvenes en situaciones complejas”.

Maria José Talaverano y Fernando Justa durante la rueda de prensa de Cruz Roja. Foto: Paula Murillo

Los menores que llegaban, indicó, “expresaron mucha incertidumbre por el protocolo y miedo, al tratarse de un espacio muy formal, con autoridades y personas mayores, lo que también les hace sentirse vulnerables”.

Los equipos de Cruz Roja “somos jóvenes también” y eso hizo sentirse más confiados y seguros a los niños, entre ellos a una pequeña de 11 años que “no podía avanzar por estar en estado de shock y se había asustado por el proceso de toma de huellas dactilares”.

Fernando Justa consiguió hablar con ella “le dieron un peluche” que “abrazó y dijo que hacía mucho tiempo que nadie le daba un abrazo como ese“.

Yolanda Da Silva, es Educadora de Cruz Roja Valencia y trabaja en el programa de Ayuda Humanitaria. Es una de las más de 130 voluntarios, voluntarias y profesionales de Cruz Roja, que forman parte de los grupos especialistas en psicología, trabajo social, educación social, monitores y monitoras socioculturales, personal sanitario, entre otros, que apoyan desde el domingo por la noche la acogida a personas albergadas en la Operación Esperanza del Mediterráneo, provenientes del desembarco del L. Dattilo, Aquarius y Orion.

“Están cansados del viaje, pero tras pasar la primera noche y haber podido descansar en camas, con comida y sus necesidades básicas atendidas, hoy es el comienzo de un día nuevo, de un nuevo camino lleno de esperanza”.

Yolanda cuenta en primera persona las experiencias vividas durante estas primeras horas y cuáles son las dinámicas que desde Cruz Roja se han llevado a cabo para que, “poco a poco dejen atrás lo vivido en este viaje y recobren la normalidad en sus vidas”. A los mayores se les ha podido ver jugando a fútbol, básquet, hándbol, y a los más pequeños disfrutando de sus nuevos juguetes y peluches.

Mujeres del albergue jugando a fútbol. Foto: Paula Murillo

Como educadora, Yolanda ha querido destacar la importancia del juguete como elemento pedagógico y normalizador para que esta forma los niños y los mayores puedan normalizar su situación. “Les hemos sacado un balón y algunos peluches y los voluntarios han estado jugando con ellos. Por la tarde hemos hecho también un taller y les hemos pintado las caras”, relata la voluntaria al contarnos cómo han pasado su primer día de esta nueva vida y etapa de esperanza y oportunidades.

 

 

Además, apunta que “una de las cosas que más hemos detectado es la necesidad de que alguien los escuche, de que esté con ellos, y gracias al papel de los intérpretes hemos podido hablar con ellos y lograr que se sientan escuchados”.

El papel de los intérpretes ha sido fundamental en la emergencia. Foto: Paula Murillo

Uno de los casos que más le ha llamado la atención a Yolanda en su intervención en el pabellón masculino, nos cuenta, es el afán de uno de ellos “por recuperar su integridad y lo antes posible para poder ser de nuevo un apoyo para su familia”.

Los voluntarios y voluntarias intervinientes están formados previamente para este tipo de emergencias. Los menores están atendidos por los equipos ESIE que intervienen con niños y niñas en emergencias: inundaciones, llegadas como la del Aquarius, pero también reducen riesgos sensibilizando a la infancia con recursos adaptados.

Un rescate esperanzador

El fin de semana del 9 y 10 de junio, el barco de búsqueda y rescate operado por SOS Méditerranée junto con Médicos Sin Fronteras rescató a 229 personas procedentes de 6 operaciones de rescate diferentes. Estaban a la deriva en dos botes de goma, el rescate se volvió crítico cuando uno de los botes apareció en la oscuridad con 40 personas flotando en el agua. Más tarde, se sumaron otras 400 personas transferidas desde barcos de la Marina y de los guardacostas italianos. Aunque el rescate y traslado de estas 629 personas fue iniciado y coordinado por el Centro de Coordinación de Rescate Marítimo de Italia, las autoridades de este país denegaron la autorización para llevarlas a tierra en el puerto seguro más cercano.

El Aquarius prepara los chalecos salvavidas. Fuente: SOS MED

El personal del Aquarius organiza las reservas de comida proporcionadas por Malta. Fuente: SOS MED

Tras la decisión de Italia y Malta de cerrar los puertos, una naviera de Malta entrega 950 botellas de agua y 800 packs de comida al Aquarius, sin embargo, a pesar de estas reservas de comida, las provisiones solo durarían para un día más. Mientras los gobiernos trataban de ponerse de acuerdo y buscar una solución, el Aquarius seguía esperando a recibir instrucciones de las autoridades marítimas. Los migrantes del Aquarius, son peones en un juego político, afirma David Beversluis, médico de MSF a bordo del barco.

El 11 de junio el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez aseguró en una nota difundida por Presidencia que “es nuestra obligación ayudar y evitar una catástrofe humanitaria y ofrecer un puerto seguro a estas personas, cumpliendo de esta manera con las obligaciones del Derecho Internacional” y ofreció a la ONU Valencia como “puerto seguro”.

De esta forma, tras la valoración del personal a bordo del Aquarius, y pese a no ser la mejor opción iniciar un viaje de cuatro días hasta Valencia en las condiciones que se encuentra el Aquarius, sin otra alternativa, puso rumbo a Valencia. Tras conocerse el ofrecimiento de España para acoger a las 629 personas a bordo del buque de rescate, Italia ofreció dos navieras italianas, que acompañaron al Aquarius hasta Valencia, para transferir algunos de los pacientes y así mejorar las condiciones de las personas durante el viaje.

Tanto en tierra como a bordo, el paso por el Aquarius supone un paréntesis para los emigrantes. Antes de ser rescatadas, las personas migrantes han sido tratadas como esclavas, han sido víctima de abusos, torturas, violaciones, etc. Han sido tratadas como mercancía, vendidas una y otra vez, quedando su suerte a merced de su comprador. En Europa, se quedarán a la espera en lugares de retención durante semanas o meses, en ocasiones, los migrantes serán desplazados por las administraciones o por las fuerzas del orden, deberán justificar constantemente su historia, su recorrido, sus intenciones, su buena fe…

Ante todo, se debe poner cara a aquellas personas que se etiquetan y se agrupan bajo la palabra “inmigrantes”, ya sean “económicos” o “refugiados políticos”, que desaparecen en el sentido propio y en el retórico en los discursos donde el énfasis se pone en aquellos que sacan provecho de la situación y en los delincuentes.

Foto: SOS MED

Historias escondidas tras la palabra “inmigrante”

Testimonio tomado por MSF a bordo del Aquarius el 14 de junio de 2018

Mi nombre es Muhammad. Soy de Nigeria; Tengo 18 años. Perdí a mis padres cuando tenía 11 años en un accidente de coche. Desde entonces he sido criado por mis abuelos. Crecer en mi tierra natal sin mis padres fue lo más difícil para mí, hasta llegar a Libia. Libia no es lugar para ninguna persona viva. Te quitan todo, incluido tu espíritu, y lo aplastan. Libia es un lugar violento donde muchas personas son violadas y asesinadas. Estoy contento de no haber sido uno de ellos. Cuando decidí huir de esta violencia, un amigo de mis padres me financió para llegar a un lugar mejor, a bordo de un barco que partía de Libia. Se suponía que debía conducirnos a Europa cruzando el Mediterráneo.

En algún momento durante la noche, uno de los hombres de piel clara se subió al bote y nos dijo, “¡cabeza recta!”, Señalando las estrellas, y dijo “síganlos” … quería decir norte, teníamos que ir hacia el norte para desembarcar. Nos dijeron que nos llevaría de tres a cuatro horas llegar a Europa. Estaba aterrorizado, pero también me alivió que quedara tan poco tiempo para la libertad.

Éramos 135 personas en el bote. Estaba completamente oscuro cuando nos fuimos. Ninguno de nosotros tenía chalecos salvavidas. Nos pedían más dinero del que habíamos pagado, pero ninguno de nosotros tenía suficiente. Pasamos casi 24 horas en el mar, salimos el viernes a las 9 p.m. y el sábado nos rescataron a las 9 p.m. Antes de que fuéramos rescatados, nuestro bote estaba casi medio lleno de agua, todos estábamos muy asustados. Caímos en el mar, hacía frío y estaba oscuro; estaba completamente desnudo en el mar, habían destrozado mi ropa y todo lo que podía tener para sobrevivir. Después, cuando llegó el barco, luché mucho para conseguir los chalecos salvavidas que nos arrojaban. Después de unos momentos, conseguí uno y grité pidiendo ayuda. Podría ser rescatado y luego recibir tratamiento médico.

Ahora estoy bien, y empiezo a creer en mi sueño: mi objetivo principal es estudiar y convertirme en médico para ayudar a mi país, porque en África hay muchas personas que sufren. Quiero salvar vidas y quiero que mi país esté orgulloso de mí. Pude ver en el Aquarius lo que significa salvar vidas. Quiero a mi nación y verla en vivo en esta nave, lo sé ahora, este siempre será mi sueño.

Testimonio tomado por Cruz Roja en el albergue de Alicante el 21 de junio de 2018

Abdulah salió hace un año y medio de su país de origen, Sudán. Tras haber atravesado el desierto Libio y llegado en el Aquarius, al llegar a España, su mayor preocupación no era comer, pese a la desnutrición que arrastra, ni curar una herida no tratada en una mano, que, problamente requiera una intervención quirúrgica; tampoco lo era asearse.  La mayor preocupación de Abdulah, era su familia: quería cargar su teléfono para avisar a su familia de que se encontraba bien, había sobrevivido al viaje y estaba en España.

Testimonio tomado por Cruz Roja en el albergue de Alicante el 21 de junio de 2018

Mambie salió de Nigeria hace meses, y tras haber sido sometido a las redes de tráfico, su única preocupación es poder llegar a la mayoría de edad para poder trabajar y enviar dinero a su familia, amenazada por aquellos que le prestaron el dinero para poder hacer el viaje y llegar a España.

Los rescates de los olvidados

Tras el revuelo mediático y una vez desembarcados todos los migrantes, el buque de búsqueda y rescate Aquarius, operado por SOS Méditerranée y Médicos Sin Fronteras, pone, de nuevo, rumbo a las costas de Libia, donde navegará por aguas internacionales en búsqueda de más botes de goma o barquitos de madera. No todos los rescates salen en los medios, pero para los rescatados y los rescatadores son todos igual de importantes. Pese a la acogida de los países europeos, el problema de las mafias sigue existiendo y cada vez que los migrantes engañados se embarcan en sus botes de goma, arriesgan su vida vida por un sueño, sin saber tan si quiera, si sobrevivirán al duro viaje.

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Apasionada del periodismo y la comunicación. Creo en el periodismo como medio para avanzar hacia una sociedad más justa.

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