Un lenguaje inclusivo en la Constitución

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Estos días seguro que habremos estado debatiendo en la sobremesa con nuestra familia sobre la “dichosa Constitución” y probablemente habrá salido el argumento que pronunció mi abuela: “¿pa qué queremos cambiar ahora las cosas?”.

Bien, pues intentaremos explicar “pa qué” en las próximas líneas.

El pasado 10 de junio, Carmen Calvo, la vicepresidenta del Gobierno y, a su vez, ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad encargó a la Real Academia Española que dedicase un estudio a la incorporación de un lenguaje inclusivo a la Constitución española para que tanto hombres como mujeres se sientan representados en el texto sobre el que se basa nuestra democracia.

A simple vista parece una propuesta sencilla, pero ha desencadenado una absoluta tormenta dentro de la institución cultural y entre nuestro pueblo. El texto, redactado hace 40 años tal y como apunta Calvo, “representa a la sociedad de aquellos tiempos, no a la actual, donde la lucha por la igualdad de la mujer ha cobrado fuerza y ha conseguido avances”.

El escritor y académico Arturo Pérez-Reverte, sin embargo y sin que nos sorprenda, ha mostrado su total oposición frente a esta propuesta llegando a amenazar con su retirada de la RAE si ésta se llevase a cabo. Lo hizo a través de un tuit respondiendo a un usuario de dicha red social en la que aseguraba que el plan era “un intento de domesticar la RAE” y que el único valiente en negarse a ello sería el escritor, quien contestó con un simple “tiene usted mi palabra”. Pues le velaremos.

Vemos como una vez más, el machismo mancha nuestra legislación y nuestra cultura. El hecho de negarse a realizar unos mínimos cambios para que las mujeres veamos de forma gráfica que formamos parte de la ciudadanía es una forma de querer superioridad y de impedir que las mujeres consigamos igualdad.

Ya sabemos que el lenguaje castellano no es inclusivo, pero sí podemos hacer que nuestros textos lo sean. Aprovechemos la riqueza de palabras que tenemos y usémoslas. 

No obstante, cabe decir que las prioridades del Gobierno habrían de organizarse ya que, pese a que desde la perspectiva feminista este proyecto sea significativo, hemos de tener en mente todos los otros cambios que podrían llevarse a cabo enfocados, no solo a igualdad, sino a problemas sociales que urgen una solución y esta es más simple de lo que todos nuestros políticos creen que es.

Si no se hacen grandes cambios en la mentalidad de la sociedad, éstos más pequeños (pero a la vez significativos) no van a lograr el apoyo del que requerimos para que sigan hacia adelante.