Minority report

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La vicepresidenta del actual gobierno pide una revisión de la libertad de expresión, equiparando este factor con el de otras naciones europeas, pidiendo su revisión y apoyándose en el peligro que suponen las fake news para imponer límites en la época de posverdad que vivimos.

A pesar de la poca trascendencia que ha tenido esta noticia en los medios, resultan más que alarmantes las declaraciones de la mandataria, alegando que en países como Alemania o Reino Unido ya han tomado decisiones al respecto, pero al mencionar también otros como Francia o Italia cae por completo en el discurso que tanto nos aterra (populista sobre todo), en el que la mordaza queda más prieta y las vendas de la justicia cada vez más transparentes ante los comparecientes de un juicio, que sean culpables o inocentes, serán señalados tan sólo aquellos no aforados.

Aunque los dos primeros mencionados en la lista de Carmen Calvo sean los mejores considerados, estos también están implicados en restricciones hacia el pensamiento y la palabra. En Alemania, a partir de una regulación cuya intención pretendía prevenir de mensajes de odio, los filtros están realizando cribas tan insistentes que algunos críticos de esta normativa opinan que se terminarán suprimiendo publicaciones que no tienen nada fuera de lo común, pero que quizás molesten a censores pejigueros.

Por otro lado, en Reino Unido, nada más lejos que la misma ONU, denunció el año pasado a este mismo país por los obstáculos impuestos contra periodistas y ciudadanos de a pie, por la cada vez más vigilada expresión y exteriorización de la misma.

Tres periodistas fueron detenidos el pasado 22 de septiembre por hacer pública información relacionada con la crisis de los refugiados / Foto: Alkis Konstantinidis, Reuters

Por supuesto no hace falta volar al extranjero para encontrar transgresiones contra la frágil voz de la que disponemos, esa ahora mismo tan enclenque, que parece no levantar cabeza y echa la mirada atrás y llora recordando épocas en las que existían periódicos tan abiertos de mente como “Cambio 16” y que, desgraciadamente, dejaron de tener cabida en una sociedad cada vez más polarizada y alienada.

En un mundo aparentemente más plural e informado, las fake news son nuestro caballo de Troya. La inmediatez de los nuevos medios lleva a no contrastar las noticias y creer en el sacro oráculo de Internet, sin cuestionar ni reflexionar sobre lo que leemos, simplemente aceptando que esa es la realidad y, por tanto, la divulgamos y convertimos en viral, dando por hecho que una mentira dicha muchas veces acaba siendo verdad. Llega el momento de cuestionarse qué verdad queremos saber: la real o la que queremos creer.