Alto el fuego: Siria

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Las manifestaciones de la conocida como “Primavera Árabe” comenzaron en 2010 en Oriente Próximo, clamando por los Derechos Humanos, donde la gente decidió echarse a la calle para reclamar los principios básicos de democracia que les corresponden como ciudadanos libres que son.

Países que participaron en ella: Túnez, Argelia, Mauritania, Sáhara Occidental, Arabia Saudí, Omán, Yemen, Libia, Líbano, Kuwait, Sudán, Jordania, Siria, Egipto, Irak, Irán, Marruecos, Palestina, Emiratos Árabes Unidos y Catar. Es decir, un total de veinte naciones / Infografía de la Primavera Árabe / Fuente: AFP

Los orígenes de estas protestas tienen su origen en Túnez, cuando las autoridades desposeyeron a Mohamed Bouazizi, vendedor ambulante, de sus pertencias, quien después se inmolaría en respuesta a la opresión policial.

Mohamed Bouazizi, fallecido el 4 de enero de 2011. El día 14 de ese mismo mes, Ben Ali, por aquel entonces líder tunecino, renunció a la presidencia / Foto: EFE

Tras proclamarse la victoria ciudadana en Túnez y Egipto, Libia se unió a la causa y más tarde, en 2011, Siria también lo haría contra su presidente, Bashar al-Asad. Los insurgentes consiguieron en 2012 hacerse con la zona norte del país a pesar del poder del ejército estatal y, un año después, la situación se encrudeció, no hay mejores y más tristes ejemplos que la destrucción de las ciudades de Alepo y Damasco.

Calificada como la más despiadada de las crisis humanitarias de este siglo, el conflicto sirio acumula la terrible cifra de más de 300.000 fallecidos. La Red Siria para los Derechos Humanos culpabiliza directamente al gobierno damasceno. Recopilando cifras, más de 5,6 millones de sirios han salido del país como refugiados, entre ellos 2,6 eran niños y 6,1 millones han tenido que huir como desplazados.

En este programa de La 2  se analiza la situación de la Primavera Árabe en un coloquio en el que se plantean cuestiones como las consecuencias que pueden tener las protestas civiles en países donde la libertad queda más restringida que en las naciones del primer mundo, como las europeas o norteamericanas.

Armas químicas para diezmar la población: Desde gas cloro hasta el sarín

Tras la batalla en la provincia de Idlib, “The Wall Street Journal” publicó un artículo que destapaba un crimen de escándalo contra los sirios, descubriendo al propio Bashar al-Asad, quien aprobó el uso de artefactos químicos para combatir a los insurrectos. Esta revelación de fuentes que prefirieron permanecer anónimas no especificaron si también se utilizó el sarín, que como bien se sabe, es mucho más peligroso y mortífero que el cloro.

Víctima de uno de los ataques tóxicos / Foto: AFP

Como era de esperar, el presidente negó ante el Consejo de Seguridad de la ONU todas estas acusaciones declarando que era una “campaña de falacias y mentiras”. Él no fue el único que rebatió estos hechos, el gobierno moscovita también afirmó en esta reunión que no hubo uso de ningún tipo de químicos en Duma.

Pinchando aquí encontrarás una cronología de estos crímenes perpetuados por el propio gobierno sirio.

Educación contra la guerra

Una de cada tres escuelas han sido bombardeadas o utilizadas para otros fines que nada tenían que ver con la educación / Niños en la escuela “Zuhur al-Mustaqbal” del campo de desplazados levantado por Unicef en al-Jeneinah, al norte de Idlib / Foto: Aaref Watad, AFP

Dejar a un niño sin educación es dejarlo sin futuro, al igual que el hecho al que se enfrentan, el de haber crecido o, directamente nacido, sin comprender el verdadero sentido de la infancia. Jugar en el parque los sábados o hacer los deberes al volver a casa son conceptos prácticamente desconocidos. Tener acceso a la enseñanza implica dotar de dignidad a la persona que la recibe, al mismo tiempo que se la provee de libertad y personalidad.

Desde los países del primer mundo, quienes tenemos el privilegio de gozar de seguridad, deberíamos proteger a los más desfavorecidos, desarrollando proyectos de cooperación por su desarrollo, al mismo tiempo que se deberían enviar más ayudas médicas y profesionales a las zonas en conflicto. Es inaceptable que se sigan dando este tipo de situaciones, que la gente siga muriendo a diario por culpa de las bombas o tiroteada, que arrebaten a los más pequeños de lo que cuando alcancen la madurez serán los recuerdos más tiernos que tengan en el caso de que alcancen la edad adulta, ya que, según Unicef, en los dos primeros meses de este año Siria alcanzó el escalofriante número de mil niños muertos o heridos, donde los supervivientes quedarán lisiados de por vida. Siria atraviesa un momento histórico que no debería dejar indiferente al mundo, tal y como está sucediendo. Occidente tendría que dar un paso adelante y frenar esta locura. En un mundo tan inestable como el nuestro, los auténticos señores de la guerra son los más hipócritas, los que desde sus cómodos despachos alejados de los conflictos hablan de paz y no quieren saber nada del campo de batalla, pero sí del dinero que generan las armas que ellos mismos fabrican.