Ciegos ante la violencia

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Stop the War /Clipart

La presencia de la violencia en la política, en la sociedad, en nuestro mundo es un hecho constante. Pero aún lo es más si hablamos de países del mal llamado ‘Tercer Mundo’. Ese tercer mundo que las principales potencias mundiales se encargan de que siga existiendo. Ese tercer mundo que es cada día más pobre para hacer cada día más ricos a los magnates de las sociedades desarrolladas.

Países como Libia, Ucrania, Yemen son algunos de los más afectados por la presencia de violencia en sus calles. A priori no nos afecta, pues están demasiado lejos como para que nuestro ratio de sensibilidad pueda preocuparse por ellos. Solo en el momento en que nos dan una noticia impactante sobre alguno de los países en guerra nuestra sensibilidad se activa por un momento, más aún al ver las duras imágenes que salen en el telediario, que no tienen otro objetivo que el de aumentar los índices de audiencia.

Sin embargo, a los pocos segundos, se olvida. Las historias de la guerra quedan ocultas tras noticias sobre los realitys de moda o los futbolistas que marcan tendencia. Y es que aunque tengamos nuestro lado sensible, es mejor no pensar en ello, no pensar en los horrores que sufren día tras día, en los niños que desde bien pequeños ya empuñan un arma para defenderse, es mejor correr un estúpido velo para distraerse con el ocio de la telebasura.

Pero no somos nosotros los únicos hipócritas, también lo son nuestros líderes políticos,  los mismos que denuncian la violencia y la guerra al mismo tiempo que firman contratos multimillonarios de venta de armas a países subdesarrollados, eso sí, para limpiar su conciencia y su imagen de cara a la sociedad, nos prometen garantías de que esas armas no serán usadas para cometer crímenes de guerra. Como si en esos países tuviesen alguna otra función.

Pese a todo, los que sufren las consecuencias de nuestro olvido son ellos. Los países en guerra. Bueno, los países no, las personas que habitan en ellos. Hombres, mujeres, niños y niñas que se ven cada día sometidos a una violencia sin control, una violencia que les arrebata sus vidas y les convierte en esclavos de la guerra y de aquellos que la fomentan.

Por desgracia los únicos que tenemos el poder para acabar con esta situación somos nosotros, los ciudadanos de los países desarrollados. En nuestra mano está exigirle a nuestros gobiernos que dejen de vender armas, que tomen medidas para ayudar a estos países a salir de la pobreza extrema, a evitar que cientos de personas mueran por las calles como consecuencias de las guerras. Pero, ya si eso, nos lo planteamos otro día, que hoy juega nuestro equipo favorito y no vaya a ser que los pensamientos no nos dejen disfrutar del partido.