Niños inmigrantes extutelados duermen al raso en las calles de València

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Los MENA’s en Valencia se quedan fuera del sistema

Un país en el olvido, una huida forzosa, un viaje clandestino, una esperanza de futuro, vidas perdidas en el camino, una llegada, un sueño truncado, empieza el calvario. Los menores extranjeros no acompañados que llegan a la Comunitat Valenciana se encuentran solos y desprotegidos a su llegada y sin el amparo de las administraciones.

Según los últimos datos facilitados por el ministerio del Interior, entre el 1 de enero y el 30 de septiembre de 2018, había 11.174 menores extranjeros no acompañados (MENA) registrados en las Comunidades Autónomas, de los cuales, 564 se encuentran en la Comunitat Valenciana.

Tras huir de su país de manera forzosa, los MENA’s que llegan a España son interceptados por la Guardia Civil, en el mejor de los casos, pasan un reconocimiento médico para conocer su estado de salud, se determina su edad y se les destina a un centro de menores; en el peor de los casos, escapan de cualquier tipo de control y quedan totalmente al margen del sistema.

La edad de los menores se determina a través de dos sistemas. El primero de ellos es mediante sus documentos de identidad: aunque no todos los menores llegan con documento de identidad, no es una prueba fiable para demostrar su edad, pues los que si lo llevan consigo, pueden presentar un documento falso ya que es algo bastante habitual en estos casos.

El segundo, es mediante una radiografía ósea de la muñeca, una prueba que consiste en medir el diámetro óseo de la muñeca para determinar si es mayor o menor de edad. Es una prueba que tiene su origen en los años cincuenta, según afirma Belén Abad, voluntaria de la ONG València es Refugi, y tiene como referencia las medidas de menores blancos estadounidenses, nacidos a principio del siglo pasado y de clase media. Pese a la frecuencia con la que es utilizada esta prueba, son varias las ONG que denuncian su poca fiabilidad, debido sobre todo a la antigüedad del estudio y a la evolución de la complexión de los niños, desde el origen de la prueba hasta ahora.

Una vez determinado que son menores de edad, la mayoría de niños y niñas extranjeros no acompañados van a un centro de menores, pues como indica Rodrigo Hernández, director de Save the Children en Valencia, es poco probable que vayan a una familia de acogida, tanto por el idioma como el sufrimiento previo que han tenido, las familias no se muestran dispuestas a acoger. Desde Save the Children, indica Hernández, piden la máxima colaboración de las familias para acoger, pues “van a tener una mejor evolución y una mejor atención estando en una familia de acogida que en un centro de menores” y piden a los centros que “tengan todo lo adecuado, que tengan el ratio de personal adecuado y los recursos suficientes para que imiten en la medida de lo posible a una familia para que el niño crezca en un entorno normalizado”.

Menores Extranjeros No Acompañados en Valencia. FOTO: EL FARO DE CEUTA

Son varias las denuncias que se han presentado a los centros de menores por no prestar la asistencia adecuada, algunas por malos tratos, otras por falta de personal cualificado… y en este sentido la ONG València es Refugi demanda más personal cualificado en los centros.

Fuentes cercanas al centro de menores de Buñol afirman que la ocupación del centro supera sus capacidades para garantizar una correcta atención a los niños y niñas que viven allí, lo que provoca que algunos de ellos se escapen del centro y tengan comportamientos violentos.

Al respecto, Rodrigo Hernández, indica que es normal que algunos de los menores se comporten de forma violenta, igual que lo haría cualquier niño español. “Son niños que han escapado de la violencia, de la pobreza, que han iniciado un recorrido muchas veces de años para llegar aquí, que no han crecido en el entorno de desarrollo adecuado, por eso es posible que algunos de los niños sean conflictivos, como lo seríamos cualquiera de nosotros”, afirma el director de Save the Children en Valencia.

Las administraciones dan la espalda a los MENA al cumplir la mayoría de edad

Lola González, otra de las voluntarias de la ONG València es Refugi, denuncia que los centros de menores no prestan la atención necesaria a estos niños y niñas, ya que, cuando llegan a Valencia con 17 años e ingresan en el centro, la Generalitat Valenciana, no asume su tutela, solo asume su guardia provisional, por tanto, no se ocupan de su formación ni de tramitar la solicitud de asilo. De este modo, cuando cumplen los 18 años, tienen que salir del centro obligatoriamente, y, como indica Lola, “se encuentran en la calle sin nada”, lo que lleva a los niños y niñas, en algunas ocasiones a dormir al raso en las calles de València o a okupar una casa. Es muy difícil que un MENA pueda permanecer en España al cumplir los 18 años, pues Rodrigo Hernández asegura que “lo que hace falta para permanecer en España, es que tenga un trabajo fijo, indefinido” y, además, plantea la siguiente cuestión: ¿Qué niño español puede conseguir eso con tan solo 18 años? a la cual responde él mismo, llegando a la conclusión de que las expectativas para poder permanecer en España son muy altas.

Foto: EL FARO DE CEUTA

La ONG València es Refugi, se ocupa de atender tanto a menores que se han escapado de los centros y están viviendo en la calle, como a niños mayores de edad que no tienen dónde ir. A través de los donativos de la gente, pueden comprar comida, ropa y atender las necesidades básicas de los niños, que como están en situación irregular, no tienen sanidad pública gratuita y, por tanto, pagan el servicio y los medicamentos.

Belén Abad cuenta el caso de uno de los niños mayores de edad que viven en la casa okupa, que tuvo que ir al médico por una herida y recibió varios puntos de sutura, los cuales debían retirarle en unos días. Dado que este niño no tiene la asistencia médica gratuita, tiene que costearse la asistencia y tardó varios días más de lo debido en acudir al centro médico para que le retiraran los puntos por el coste que suponía.

Cuenta también el caso de una familia con una hija que sufre de epilepsia y no tiene dinero para comprar los medicamentos, pues con el poco dinero que tiene, debe elegir entre comer o pagar los medicamentos y la asistencia sanitaria.

Desde la ONG, cuenta Belén, le proporcionan ayuda económica para poder comprar los medicamentos, pues un ataque de epilepsia con convulsiones puede provocar daños graves e irreparables en el cerebro de la niña.

Voluntarias de València és Refugi junto a dos MENAS en las Cortes Valencias. FOTO: VALÈNCIA ES REFUGI

Por su parte, Lola González, cuenta que los niños a los que atienden las consideran como “sus madres”, pues cuidan de ellos con cariño, e incluso les abren las puertas de su casa. “A veces vienen a mi casa y dormimos la siesta todos juntos acurrucados en el sofá con la mantita”, afirma Lola emocionada.

Las voluntarias de València es Refugi atienden también a inmigrantes que han llegado de forma irregular a España ya siendo mayores de edad. Es el caso de Sarfraz, procedente de Pakistán, que llegó con 23 años a España y lleva 3 años en Valencia. Trabaja en la recogida de naranjas y afirma que tiene trabajo, pero “lo justo para poder comer”.

Sarfraz vive en un piso con 6 paisanos suyos y cuenta que salió de su país para buscar trabajo, indica que ahora que ya tiene papeles en España puede trabajar en mejores condiciones que en su país. Hace dos años que conoció a Lola y Belén a través de dos amigos suyos, también presentes en la entrevista y asegura que están “para todo”, para hablar, para acompañarle a las diferentes oficinas para tramitar sus papeles…

 

El Síndic alerta del aumento de la llega de MENA’s a la Comunidad Valenciana

El Síndic de Greuges de la Comunitat Valenciana, ha alertado del incremento de MENA’s atendidos en la Comunitat Valenciana. En el año 2017 han aumentado un 103%, hasta los 317, y advierte de que los centros de menores están “sobreocupados”.

El defensor del pueblo afirma que la migración de los MENA “no puede seguir siendo considerada como un fenómeno circunstancial en función de la mayor o menor afluencia de los mismos, sino que hay que asumirla como un factor estructural que no va a parar y que requiere una planificación y una intervención diferenciada que atienda a las necesidades específicas de los mismos, muchos de ellos sin referentes familiares, con desconocimiento del idioma, del entorno y en ocasiones víctimas de explotación“.