Gobernar Andalucía cueste lo que cueste

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En las últimas semanas y, tras las elecciones andaluzas que más han dado que hablar en la historia de nuestra democracia, hemos asistido a un espectáculo bochornoso y ridículo de tira y afloja con el resultado que todos esperábamos: el pacto del PP y Ciudadanos con el partido de ultraderecha Vox.

Tras una reunión de negociaciones mantenida por dirigentes del PP y Vox, la formación liderada por Santiago Abascal hizo público un documento con 19 puntos que exigían que fuese aceptado para apoyar la investidura de Juan Manuel Moreno en Andalucía. Entre las medidas exigidas por los ultraderechistas, se encontraba la expulsión de “52.000 inmigrantes ilegales”, la derogación de la ley contra la violencia de género o la ley LGTBI, la creación de una consejería de Familia y Natalidad y cambiar el día de Andalucía, pasando del 28 de febrero al 2 de enero, para conmemorar la culminación de la Reconquista.

La primera reacción del PP era de esperar: “es inaceptable”. Pero en el fondo, en la casa de Pablo Casado la música no les suena del todo mal. Sabemos que muchos de los fieles de Vox vienen de sus trincheras, y era indudable que iban a entenderse. Y finalmente, no pasó ni 24 horas cuando Vox se envaina la espada y decide dar su respaldo al PP, recogiendo las migas de lo que el día anterior decían que era innegociable.

Sin embargo, este papelón de Vox ha servido para retratar a aquellos que han estado dispuestos a negociar con los derechos de las mujeres, de los homosexuales y de los inmigrantes. Porque PP y Ciudadanos van a gobernar con el apoyo de un partido que niega la violencia de género, la protección especial a mujeres y al colectivo LGTBI+ y la asistencia a personas sin papeles. Es decir, un partido machista, homófobo y racista.

Respecto a Ciudadanos, se entiende muy bien eso de que era necesario un cambio en Andalucía, pero al casarse con Vox para lograrlo pone en riesgo la estrategia que ha seguido desde el principio: su apuesta centrista, el europeísmo y el respaldo de los macrones, que, por cierto, ya han criticado el pacto con la ultraderecha¿Va a renunciar Albert Rivera a sus aspiraciones de ganar las próximas elecciones por lograr tres o cuatro consejerías en Andalucía? Francamente, no veo por donde cogerlo.

Se acercan citas electorales y las mujeres y el colectivo LGTBI pueden salir muy caros para los partidos que han estado dispuestos a negociar sus derechos como si de un juego se tratase. Está claro por donde irán los tiros en las elecciones venideras: los 52.000 migrantes que Vox pretende deportar son sacrificables porque no pueden votar, por lo que el racismo será el arma electoral de la ultraderecha. Debemos tener claro que el Trumpismo ha irrumpido en España y que llega para destruir los derechos de los grupos más vulnerables y dilapidar el régimen del 78, es decir, un retorno a aquella España grande y libre de Franco que añoran en secreto.