Una noche en la piel de un sin techo

0
632

Una noche en la piel de un sin techo. Esto es lo que han decidido hacer 21 asociaciones de la provincia esta noche frente al Ayuntamiento de València para reclamar a las administraciones  la apertura de albergues o, en su defecto, la concesión de espacios para poder gestionarlos ellos mismos  y dar techo a las casi 700 personas que viven actualmente en la calle.

Los vecinos de la zona y las distintas asociaciones han recibido a los sin techo con la mejor de sus sonrisas y con montones de mantas y ropa. Así mismo la Asociación Ca La Mare ha llegado cuando pasaban pocos minutos de las nueve de la noche con un camión repleto de bocadillos, sándwiches, zumos, cazuelas de sopa caliente y termos con bebida caliente. “Hemos abierto esta convocatoria en vista de que esta problemática no se ha resuelto en 7 años que estamos reivindicando al ayuntamiento que sobretodo en invierno la gente en exclusión social tenga un techo donde vivir y comida caliente“, afirma Rafa Pérez, portavoz de la Mesa de Entidades.

Personas sin techo recibiendo comida
Personas sin techo recibiendo comida

Con las mesas ya montadas y la comida preparada, los sin techo se han acercado a comer un plato de caliente y a rebuscar entre los montones de ropa la manta más caliente que pueda abrigarles en estas noches gélidas. Tras recibir la ayuda muchos de ellos han vuelto enseguida a sus puestos en la calle para evitar que otra persona se lo quite. Otros sin embargo, han preferido quedarse y compartir un rato de charlas y risas con los voluntarios de las asociaciones.

Al escuchar la palabra sin techo a menudo se suele pensar en personas alcohólicas o con alguna otra adicción. Esta concentración ha servido para visibilizar la situación de las personas sin techo, algunos de ellos inmigrantes, pero otros españoles. Entre las personas que han acudido esta noche a por un plato de comida se encuentra Erimar, una joven venezolana de 18 años recién cumplidos que lleva desde septiembre viviendo en la calle con su pareja.

Está enferma, tiene un trastorno de la personalidad y lleva cuatro meses sin tomar su medicación porque no tiene dinero para poder pagarla. Llegó a España hace 3 años con unos familiares pero tras conocer su enfermedad la echaron de casa. Estuvo viviendo con los padres de su pareja pero tuvieron que abandonar el hogar por las discrepancias que tenían. Ha probado a pedir plaza en un albergue, pero “el tiempo de espera es muy largo y te ponen problemas. Según de dónde seas te piden más cosas y es muy difícil“, cuenta Erimar. Está contenta, hoy ha recibido una buena noticia: han iniciado los trámites para poder obtener un piso tutelado.

Otros no corren la misma suerte. Los albergues están saturados y apenas hay plazas para dar respuesta a toda la demanda que hay ahora mismo en Valencia. Giovanna, presidenta de la Asociación Ca La Mare, afirma que lleva tres años reivindicando un albergue de baja exigencia, pero ahora mismo reclama una solución inmediata. “Tenemos el edificio de Hacienda que se ha cerrado y en estos momentos solo pedimos que nos den el edificio, el resto corre por cuenta de todas las asociaciones aquí presentes“, añade Giovanna.

21 Asociaciones protestan por una acogida digna
21 Asociaciones protestan por una acogida digna

Entre los derechos y deberes fundamentales recogidos en la Constitución Española, se encuentra el Derecho a una vivienda digna y Giovanna asegura que se está incumpliendo. “Lo primordial es el ser humano, luego ya vienen los carriles bici y estas cosas que están tan de moda en valencia pero primero deben de ser las personas y algo tan básico y fundamental como el derecho a la vivienda digna. hay una evidencia muy clara de que se están vulnerando los derechos fundamentales“.

Vicente Ros, portavoz de la Plataforma Anti-desahucios de Burjassot añade “estamos en lucha porque en España hay un 2% de vivienda social cuando en otros países hay un 15 o un 20 cuando las necesidades del país son incluso mayores que las de esos países“.

Entre los voluntarios que han acudido a dar apoyo se encuentra Emilio, voluntario de Silla Contra el Hambre, esta noche ha traído mantas y ropa para contribuir a la causa. “Hay que apoyar a la gente que está en esta situación. Es muy duro, yo lo sé porque vengo del mundo de la calle. Estuve 6 meses porque viene a España sin saber el idioma, soy de Rumanía y lo pasé muy mal“.