Los antibióticos: la batalla del invierno

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Clamoxyl, Amoxicilina, Augmentine, Monurol, Zitromax… están presentes en el botiquín de muchos hogares españoles. Pese a tratarse de antibióticos que solo pueden dispensarse con receta médica, lo cierto es que la mayoría de estos fármacos pueden adquirirse sin receta en algunas farmacias.

Según un estudio del ECDC se estima que son aproximadamente 33.000 las personas que mueren anualmente en la Unión Europea debido a una infección causada por resistencia bacteriana, es decir, por bacterias resistentes a los antibióticos. Reducir estas cifras puede ser un objetivo alcanzable mediante medidas adecuadas de prevención y control tanto de la prescripción como de la dispensación.

Existe un profundo desconocimiento para la población, en general, sobre qué son los antibióticos y para qué sirven. Los antibióticos son potentes fármacos que tienen como objetivo combatir las infecciones causadas por bacterias. El uso correcto de estos fármacos puede salvar vidas, ya que actúan matando las bacterias causantes de la infección o impidiendo su reproducción. Al contrario de lo que mucha gente piensa, es importante saber que los antibióticos no combaten las infecciones causadas por virus: como los resfriados, la gripe o las causas de tos y bronquitis.

De este modo, tomar antibióticos cuando no es necesario puede causar la denominada resistencia bacteriana. Esto ocurre cuando la bacteria cambia y es capaz de resistir los efectos de los antibióticos, dejándolos, por tanto, sin utilidad y agravando la enfermedad.

La Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), afirma que el uso de antibióticos se concentra principalmente entre los meses de noviembre y febrero, coincidiendo con el período invernal y de infecciones respiratorias, la mayoría de ellas de carácter vírico. Pese a que se ha mejorado en los últimos años, España está por encima de la media europea respecto al uso de estos medicamentos.

“España es un país con el concepto extendido de que los antibióticos curan todas las infecciones. Funcionamos con el famoso triángulo: fiebre equivale a infección y ésta se trata con antibióticos y esto no es así. Con antibióticos hay que tratar sólo en algunos casos” según alerta, el coordinador del grupo de Enfermedades Infecciosas de semFYC, el doctor Josep María Cots,

El desarrollo de bacterias resistentes a los antibióticos es considerado en la actualidad como uno de los grandes problemas de salud pública. Uno de los factores principales que contribuyen a su desarrollo es el uso inapropiado e indiscriminado de dichos fármacos.

El problema de automedicarse, del desarrollo de la resistencia bacteriana es desconocido por la inmensa mayoría de la población, lo cual es preocupante, ya que, vivimos en la era de la sobreinformación, y sin embargo tenemos mucha falta de conocimiento sobre algunos temas.

En la sociedad actual se prioriza el entretenimiento a la información, no hay más que ver la parrilla de las cadenas líderes en audiencia, pocos programas educativos o informativos y muchos programas de infoentretenimiento, en los cuales se abordan temas de actualidad desde un punto de vista humorístico o morboso. En cambio, los temas más duros o serios se abordan con menor frecuencia, y, en general, el uso de los antibióticos apenas se trata en los medios de comunicación.

La Ley de Garantías y Uso Racional de los Medicamentos y Productos Sanitarios, aprobada en julio de 2006, califica de falta grave, en su artículo 101.16, “dispensar medicamentos o productos sanitarios sin receta cuando ésta resulte obligada”. Pese a esta ley, no resulta difícil encontrar una farmacia que dispense este tipo de fármacos sin prescripción médica. No debemos olvidar que una farmacia es una empresa que busca tener beneficios y, sin duda, la venta libre de antibióticos incrementa los beneficios.

Pero existen todavía más factores que provocan el mal uso de los antibióticos, pues el colectivo médico tampoco se libra. Es frecuente acudir al centro de salud, a la consulta con el médico de cabecera y salir de ella con algún antibiótico de amplio espectro. Son antibióticos diseñados para hacer frente a distintos tipos de bacterias, no solo a uno. De esta manera, cuando el médico no sabe la bacteria causante de nuestra infección, nos proporciona uno de estos antibióticos para acabar con ella.

Esto es una muestra de uso indiscriminado de los antibióticos, y por desgracia, es una práctica generalizada entre los médicos. Quizá por falta de recursos, quizá por no esperar a las pruebas… pero lo cierto es que esta práctica resulta dañina para los pacientes, que acaban recurriendo a la automedicación al entender que casi todo se trata con antibióticos o con analgésicos.

Para intentar controlar la resistencia existente y evitar los nuevos mecanismos que puedan aparecer en un futuro, se hace necesario establecer unas líneas de actuación inmediata en todos los sentidos:

Educar a la población debería ser la principal actuación que se lleve a cabo para concienciar sobre el uso correcto de estos antibióticos.

El control riguroso de la administración en la dispensación de antibióticos sin prescripción médica, quizá con medidas de sanción más estrictas o efectivas.

Por parte de los médicos también se debería mejorar en el diagnóstico de las enfermedades, no recurriendo al tratamiento fácil de antibiótico de amplio espectro, y realizando las pruebas médicas pertinentes para proporcionar el tratamiento adecuado que actúe sobre la bacteria determinada. Esto reduciría inmediatamente el riesgo de desarrollar bacterias resistentes a los antibióticos.

Pese a esto, no debemos olvidar que es completamente necesario, por parte de todos, un uso racional de estos medicamentos, y en cualquier caso siempre consultar al médico, no automedicarse y nunca interrumpir el tratamiento antes de lo pautado por el facultativo, pues, no cumplir estas medidas supone un riesgo para el propio enfermo, al que le puede provocar, en ocasiones la muerte.