¿Realmente puede Podemos?

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Imagen de archivo de Iglesias y Errejón. (Foto: EFE)

Las elecciones en Andalucía han terminado por confirmar la tendencia menguante de Podemos que ya se evidenciaba en las pasadas elecciones generales y también en las últimas encuestas. El pasado 2 de diciembre dejó a la coalición de Podemos e Izquierda Unida con casi 300.000 votos menos respecto a 2015, suponiendo la pérdida de 3 escaños en el Parlamento andaluz.

Hay quienes piensan que la caída de Podemos es algo más común de lo que parece, al fin y al cabo, el partido acaba de cumplir cinco años. Pero recordemos por un momento las expectativas con las que Podemos se embarcó en la política. Al principio pensaron que tenían la oportunidad de llegar al Gobierno. Después quisieron dar el famoso “sorpasso” al PSOE e imponerse como el principal partido de la izquierda. Pero nada de eso ocurrió, y con cada año que pasa, no parece que sea lo que le depare su futuro más inmediato. El retroceso electoral de Podemos en Andalucía contrasta con los impresionantes resultados que Podemos obtuvo hace ya cuatro años y que, acabando de llegar a la política, se hizo con las alcaldías de las ciudades más importantes de España.

Sin embargo, los resultados de las elecciones andaluzas no parecieron ser motivo para que el partido morado se sentase a analizar su progresivo declive e intentar corregir el rumbo que estaba tomando. Parece que ha sido Errejón, quien uniéndose por sorpresa a Manuela Carmena (a espaldas de la dirección de Podemos), ha obligado a su partido a entrar en ese necesario debate. No obstante, las primeras reacciones, lejos de pretender analizar la situación, se encaminaron a atacar a Errejón y a desacreditarle. Pero el problema de Podemos no parece ser los resultados de unas elecciones autonómicas, sino una crisis que lleva agravándose desde hace tiempo.

Podemos ha cambiado y su discurso ha ido variando con el tiempo, hasta el punto de contradecirse en sus acciones. Desde el Podemos que buscaba acabar con el bipartidismo y asaltar los cielos y el Podemos que busca la alianza de todos los partidos contra el tripartito (PP, Cs y Vox) han pasado apenas tres años. También vimos al mismo partido votar en contra de la investidura de Pedro Sánchez para posteriormente auparlo hacia la presidencia gracias a la moción de censura. Para los medios no ha pasado desapercibido que Errejón parece cuestionar el discurso más radical de Pablo Iglesias y que achaca precisamente a eso el descenso electoral de Podemos.

Y todo indica que Errejón esperó estratégicamente hasta el momento idóneo para presentarse a las elecciones municipales de Madrid con una plataforma no vinculada a Podemos y con un discurso diferente: la de “Más Madrid” de Manuela Carmena.
Precisamente Carmena lleva repitiendo hasta el hartazgo que ella no pertenece a Podemos y que dicho partido no le impondrá lista alguna. Y por ello Íñigo Errejón ha optado por vincularse a esta plataforma, para concurrir a las elecciones con una marca diferente a Podemos y con una imagen totalmente distinta, aunque Podemos y otros partidos puedan sumarse a ella.

La primera reacción de los más cercanos a Pablo Iglesias fue suponer que Errejón se había ido de Podemos, considerando de esta forma presentar una lista para competir con “Más Madrid”. Sin embargo, desde el punto de vista electoral no termina de convencer y sus barones apuestan por no competir e ir juntos, lo que choca con la posición de la dirección del partido. Y posiblemente lo más positivo dadas las circunstancias sería que Podemos pasase a integrarse en la plataforma de Más Madrid, sin embargo, la crisis de Podemos permanecerá abierta.

Quizá el problema comenzó hace precisamente cuatro años, cuando Podemos acudió a las elecciones con varios aparatos distintos. Es posible que lo ideal hubiese sido consolidar su marca y concurrir con sus propias siglas. Sin embargo, optaron por la vía de intentar aunar cuantas más fuerzas mejor en su objetivo de alcanzar la Moncloa y posiblemente ese fue su mayor error. Ha quedado demostrado que la unión de Podemos e Izquierda Unida, junto al resto de confluencias, ha debilitado individualmente a cada marca.

Mientras tanto, la crisis de Podemos afecta gravemente a una izquierda que se ve continuamente dividida. Y, sobre todo, es muy malo para un PSOE que necesita recabar todos los apoyos posibles para hacer frente a la mayoría de derechas que se avecina.