El procés se sienta en el banquillo

0
190
El banquillo de los acusados. Infografía realizada por David Marí López. Discipuli

Pita el árbitro. El balón está en el aire. El pasado martes 12 de febrero se inició el juicio del procés, la añagaza independentista que llevó a España en octubre de 2018 a dividirse, no en materia territorial –rozando el palo– sino en materia social e ideológica. 

A pesar del quebradero de cabeza que ha supuesto para el conjunto de la sociedad española la cuestión catalana, el movimiento independentista se ha convertido en el equipo deportivo al que nadie quiere enfrentarse desde Moncloa y menos en el campo del rival. Desde la implantación de la democracia en España, ni PP ni PSOE han sabido frenar el avance secesionista en Cataluña.

Por el contrario, ambos grupos políticos se han dedicado a alimentar el nacionalismo poco a poco, legislatura tras legislatura, sin importar cuál de los dos partidos gobernase. Y es que el apoyo de esa minoría en el Congreso para sacar adelante leyes e incluso los PGE, como es el caso actual, ha tenido siempre un coste muy elevado que tanto PP como PSOE han estado dispuestos a pagar. La falta de medidas útiles y a tiempo impelieron al independentismo catalán a convocar un referéndum ilegal, un acto que constituye en sí mismo el incumplimiento de la Constitución española, y que desde el Gobierno autonómico catalán se entiende como una heroicidad.

El partido ha empezado. Son nueve los acusados: Oriol Junqueras, Jordi Turull, Raúl Romeva, Joaquim Forn, Dolors Bassa, Josep Rull, Carme Forcadell, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart. Ante la expectación del público, los medios de comunicación nacionales e internacionales, tan sólo faltaba por darse a conocer qué posición tomaría cada jugador. No obstante, la estrategia de los acusados, en líneas generales, se ha limitado al discurso político, con la notable excepción de Joaquim Forn.

Este hecho ha dejado un surco de comentarios y reacciones entre todos los espectadores. Utilizar el Tribunal Supremo como meeting político constituye una estrategia de defensa vacía, carente de relación y de significado real con el juicio en cuestión, y que únicamente demuestra la incapacidad de defensa de una causa que se da por perdida. No hay que olvidar, tal y como ha recordado Javier Melero -abogado de Forn- que éste es un juicio penal en el que se juzgan delitos, no idelogías: “nada más, ni nada menos”. Que no es penalti porque sí, es penalti porque lo dice el VAR.

Pero si además de utilizar el discurso político uno se niega a responder a las preguntas de la Fiscalía, tal y como ha hecho Oriol Junqueras, es comprensible que el espectador del partido se lleve las manos a la cabeza y se lamente por haber pagado 200 euros por su entrada.