“Sex education”: necesariamente atrevida

La nueva serie ‘teen’ de Netflix se ha posicionado entre las más vistas en 2019. Con una segunda temporada ya confirmada, “Sex education” ha llegado a nuestras vidas para quedarse.

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Foto de Capital FM

Cuando uno es adolescente, hay muchos problemas que no sabe cómo resolver. La sexualidad es un gran interrogante durante esos años y resulta muy difícil hablarlo con alguien. Otis es un chico de 17 años, bastante introvertido y que padece una incapacidad para masturbarse inmensa. Lejos de buscar ayuda, finge que lo hace para no levantar sospechas en una casa que es bastante peculiar. Para colmo, su madre, una sexóloga muy activa, despierta cada día con un hombre diferente en su cama y tiene la casa decorada con cuadros sobre posturas sexuales y libros de ayuda para parejas. Junto a la que se nos presenta como la chica mala del instituto, Maeve, Otis acabará enredado en un negocio casi sin saber cómo. El chico dará clases sobre sexualidad a cambio de dinero durante los recreos en el baño del recinto.

Pese que a podamos pensar que “Sex education” no es más que otra serie sobre adolescentes en el instituto, el argumento no es del todo cierto. En efecto, sí se desarrolla en un instituto, y sí que vemos a los personajes cliché de este género. Sin embargo, no solo vemos chicos con chaquetas del equipo de atletismo del instituto o las míticas chicas malas del curso, sino que la serie trata aspectos mucho más reales e importantes. Para empezar, el mejor amigo de Otis, Eric (Ncuti Gatwa), es un chico gay de familia religiosa al que le apasiona la moda femenina y el maquillaje. En su tiempo libre, se viste de mujer, pero cuando sale a la calle trata de contenerse por el qué dirán y por no defraudar a sus padres, que no comprenden qué le sucede. Por otro lado, aparece la historia de Maeve, una chica callada y con cara de pocos amigos que parece ser la mala de clase y que tiene mala fama creada por rumores falsos. Sin embargo, resultará ser una persona culta, enamorada de la poesía y que sueña con poder ir a la universidad pese un pasado que le hizo madurar demasiado rápido. Estos, entre otros, son algunos de los personajes que harán que nos enamoremos de esta serie.  

El trabajo de Laurie Nunn es impecable, ya que todos los elementos suman a partes iguales. La trama en sí capta la atención desde el primer momento, nos hace querer saber más y ver cómo va a resolverse este planteamiento inusual. Sin embargo, el guion fresco y natural hace que no apartemos los ojos de la pantalla ni un instante, que nos riamos, que nos emocionemos en alguna ocasión y que nos sintamos muy identificados. El reparto es simplemente perfecto, con un protagonista sublime (Asa Butterfield) al que ya habíamos visto en producciones como “La invención de Hugo” o “El niño del pijama a rayas” y otros actores secundarios como Ncuti Gatwa (Eric), Emma Mackey (Maeve) y Gillian Anderson (Jean) que dan vida a unos personajes que ya de por sí solos tenían mucha fuerza. La ambientación es también realmente buena, pese a que en ningún momento se nos dice la época en la que se desarrolla.  

La serie trata temas muy profundos y que normalmente son tabus. Cada personaje tiene sus propios problemas, y entre ellos encontramos: la presión familiar, la identidad sexual, el miedo a la sexualidad, las falsas impresiones y los miedos al cambio. Es importante destacar la importancia de este tipo de producciones que, bajo una fachada divertida y juvenil, introducen estos aspectos que tienen increíble peso durante la vida adolescente y que en la mayoría de las ocasiones no se hablan. A través de un planteamiento fresco e innovador, la serie nos conciencia sobre determinados temas y nos hace abrir la mente. 

“Sex education” se ha convertido en todo un mustsee de las series de Netflix. Lejos de escandalizar por su contenido, rompe con tabús demasiado establecidos y nos abre los ojos a la realidad. Graciosa, muy real y emocionante, “Sex education” despertará al teenager que llevamos dentro.