Crítica de ‘Rocketman’: Un atrevido y valiente musical

Taron Egerton da un recital de interpretación en el musical sobre la vida de Elton John

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Los musicales se han vuelto a poner de moda. El fenómeno La la land arrasó en los Globos de Oro pero sobre todo recuperó un género que parecía perdido. Con ella llegaron también la segunda parte de Mamma Mia y, sobre todo, Bohemian Rhapsody que ayudó a realzar la figura de Freddie Mercury.

En esta ocasión aparece Rocketman para contar el biopic de Elton John, quien parece estar hablando al espectador en todo momento. Le da vida un Taron Egerton que lo borda actuando y cantando sus canciones, sin imitarle. Los primerísimos primeros planos enfatizan el rostro de la estrella, tratando de situarte en todo momento en la piel del músico y escuchar su mensaje.

Ofrece una perspectiva sincera sobre el cantante, que ha autorizado la película. Muestra su lado más oscuro con las drogas, las malas relaciones, su carácter oculto… Narra de forma lineal la historia para transmitir su grandeza, con un vestuario a la altura de la cinta y un repertorio de gafas absolutamente fascinante.

Desde Eddie Redmayne en La teoría del todo no se veía una interpretación tan impresionante en un biopic. Egerton está a la altura de grandes actores interpretando a músicos como lo hicieron Val Kilmer en The Doors o Jamie Foxx en Ray, quienes en todo momento parecen Jim Morrison y Ray Charles. Rami Malek estuvo al nivel de baile de la auténtica leyenda pero no transmitía tanta semejanza física con respecto al legendario músico de Queen.

Precisamente Dexter Fletcher terminó de dirigir Bohemian Rhapsody, tras el despido de Bryan Singer, y ha firmado en solitario Rocketman. Esta vez ofreciendo una perspectiva de un verdadero musical con coreografías que rememoran los mejores años de este género, pero con un toque de superproducción. La mayoría de canciones llegan de manera forzosa, dejando claro que es una película.

La aportación del bailarín Jamie Bell, que deslumbró al mundo al interpretar a Billy Elliot, es exquisita. Canta y baila como bien sabe, dándole el cariño y los sentimientos que atesora el letrista Bernie Taupin.

Se presenta a sí misma como un musical, más que un biopic lleno de canciones. Despierta alguna que otra carcajada y se puede disfrutar al ritmo de Elton John de una película entretenida con un despliegue de medios impresionante.