La diginidad de las personas por encima de todo

Mientras las potencias europeas se echan las culpas de quien debe acoger la embarcación "Open Arms", 121 personas van por su undécimo día en el mar Mediterráneo en unas condiciones nefastas

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Inmigrantes rescatados en el mar Mediterráneo por "Open Arms" / Europa Press

A veces la vida te regala historias bonitas, protagonizadas por personas que tienen la convicción de mejorar la sociedad hasta el punto de arriesgar la propia vida. Este es el caso de Macarena Cabrujo, socorrista argentina que estando fuera de servicio salvó la vida un niño que se ahogaba en una playa de Mallorca. Tras una larga jornada de trabajo, Cabrujo colgó el mono de socorrista y se quedó jugando al vóley en la orilla de la playa.

Al poco tiempo vio cómo un niño era arrastrado por la resaca y no lo dudó. Sin material de rescate se lanzó al mar embravecido, con bandera roja. Consiguió llegar a tiempo y salvó la vida del niño.O salimos los dos o nos ahogamos los dos”, pensó en el pulso a vida o muerte frente al mar. Como no podía ser de otra manera, fue recibida con honores de heroína, se ha convertido en una celebridad en toda la isla, ha sido felicitada por el cuerpo de policía, su historia se ha hecho viral en redes sociales, políticos y famosos han reconocido su valentía…

Tras el rescate, el niño le dijo a Cabrujo: Pensaba que no me ibas a salvar porque soy negro. El niño es natural de Senegal, y su frase ha sido recogida por todos los medios de comunicación. “¿Cómo no iba a salvar a una persona humana por el mero hecho de ser de otra raza?”, debió pensar Macarena Cabrujo, y es que el racismo parece ser un problema superado en nuestra sociedad occidental, y dejar a cualquier persona humana ahogarse en el mar no debería ser algo normal en ninguna sociedad, y mucho menos en una autodefinida como solidaria y democrática.

Mientras la joven argentina es aplaudida por la población española por el rescate de un niño de nacionalidad senegalés, el barco “Open Arms” va por su octava noche con 121 inmigrantes a bordo que fueron rescatados en el Mediterráneo Central, sin que se haya activado ninguna negociación para poder desembarcar en un puerto seguro. Carmen Calvo, vicepresidenta en funciones, aseguró el miércoles que España no tiene la obligación de acoger a la embarcación, y que es Italia la que debería de hacerse cargo del asunto.

Ximo Puig, Presidente de la Generalitat Valenciana, ha asegurado que “es el gobierno italiano el que debe de atender al “Open Arms. El Gobierno español afirma que no es un tema de no querer aceptar a los inmigrantes, sino que se trata una cuestión de calado político y que, por tanto, es Italia la que debe acoger. Efectivamente, el país que tiene el deber de acoger es el más cercano a la embarcación, y en este caso es Italia; pero por esta misma regla de tres Macarena Cabrujo tampoco tenía la obligación de rescatar al niño senegalés porque ya había terminado su jornada laboral.  Cada día de discusión y negociaciones es una noche más en alta mar en unas condiciones nefastas, en un barco en el que van dos bebes de nueve meses y 32 menores de edad.

Mientras la Unión Europea mira hacia otro lado, España e Italia se echan las culpas y Francia y Alemania intentan buscar alguna solución sin ser salpicadas, 121 personas humanas continúan sufriendo en alta mar las consecuencias de unas condiciones de vida miserables, tan solo porque tuvieron la mala suerte de nacer en un lugar con menos estabilidad política y social.

Dejando a un lado las cuestiones políticas y territoriales, la dignidad de las personas humanas está por encima de todas las cosas, y acoger a estos individuos debería de ser una prioridad para cualquier sistema democrático. No pongo en duda la necesidad de controlar la inmigración, pero facilitar las necesidades básicas a personas que están sufriendo en alta mar y que su vida puede estar en juego es un deber, o debería de serlo, para un sistema que tiene la solución al alcance de su mano.

Por todo esto, todos tenemos que aprender un poco de Macarena Cabrujo, que fue capaz de arriesgar su vida para salvar otra, aunque realmente no le “tocaba”.