El asesino de los caprichos: Un thriller sin rumbo

Una oportunidad desaprovechada con un argumento que no inquieta al espectador a conocer al asesino

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El thriller policíaco cuenta con grandes películas a lo largo de su historia como L.A. Confidencial, Seven, Infiltrados o Que Dios nos perdone, por citar algunas. Sin embargo, no todos los años salen en cartelera largometrajes a ese nivel. El listón está muy alto y cada vez que aparece alguna nueva cinta similar se generan expectativas que animan a los espectadores a ir al cine. Si bien, resulta muy complicado hacerse un hueco en este género.

El asesino de los caprichos es un thriller muy predecible, bajo los parámetros de dos policías totalmente distintas cuya misión es encontrar al asesino. Parte de una idea interesante, mostrar las diferentes clases sociales de la capital mientras enseña a las víctimas recreando los Caprichos de Goya. Sin embargo, la trama da prioridad a conocer la vida privada de las dos mujeres protagonistas y el argumento no inquieta al espectador a averiguar quién es el culpable. Todo pasa por la relación, bien lograda, entre los personajes de Maribel Verdú y Aura Garrido.

Desde el principio el peso recae sobre las dos agentes que hacen que la película sea entretenida aunque sin ir a ningún lado. Da la sensación de que los personajes principales no viven la realidad del resto del reparto. Se aprecia Madrid como una ciudad pequeña en la que apenas hay movimiento y donde todo se consigue fácilmente.

Lo mejor logrado son los cadáveres recreando los caprichos de Goya que hace que la idea inicial de la cinta cobre mayor sentido. Sin embargo, con el paso de los minutos la trama de los asesinatos va perdiendo la importancia que debería tener. Tampoco profundiza en el pintor, un punto que podría haber resultado interesante para sacarle partido.

Eva González (Aura Garrido) lleva una vida más ordenada que su compañera, con sus dos hijos pequeños y su marido. Es en el entorno familiar donde la figura de madre aparece un tanto exagerada porque en las visitas de Carmen Cobos (Maribel Verdú) para hablar de trabajo -crímenes- los niños no se ausentan. Se exagera mucho la diferencia entre ambas sin a dar una imagen realista.

El personaje de Verdú tiene una obsesión fuera de lo común por el tabaco, el sexo, el alcohol y sobre todo por el trabajo. Por eso llega a un punto en el que es complicado creerte El asesino de los caprichos de Gerardo Herrero con ciertos toques de humor.