Análisis de la crisis de Bolivia tras las elecciones

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Manifestación en el Cristo de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Foto: Discipuli.es

El mundo se ha vuelto loco y América Latina no se ha quedado atrás en la tendencia: Venezuela, Ecuador, Chile y ahora Bolivia vienen protagonizando diferentes protestas y disturbios. Y el ambiente se empieza a tensar también en otros como Uruguay y Argentina, ante las elecciones que tendrán lugar el 27 de octubre.

Tras las elecciones presidenciales del pasado 20 de octubre, Bolivia está viviendo días de mucha tensión: sedes del Tribunal Supremo Electoral (TSE) incendiadas, ciudadanos protestando en las calles y los líderes opositores unificándose en un Comité de Defensa de la Democracia y exigiendo al presidente Evo Morales que acepte una segunda vuelta, quien busca a toda costa una cuarta reelección consecutiva.

Precedentes:

Durante los últimos 13 años, Evo Morales ha sido el presidente de Bolivia. El 21 de febrero de 2016 se llevó a cabo en el país un reférendum para aprobar o rechazar la modificación de la Constitución, que permitiría al presidente de Bolivia postularse a una reelección, algo que no se contemplaba entonces en su marco jurídico. Morales había prometido a la población acatar el resultado, «si gana el No, tenemos que irnos callados», afirmaba el mandatario en su campaña previa al referéndum. Sin embargo, el «No» ganó con un total del 51% de los votos y Morales decidió desconocer la voluntad popular, pidiendo al Tribunal Constitucional (dirigido por miembros de su partido) que reconociese su «derecho humano» de volver a presentarse. Y el Tribunal lo hizo realidad.

Elecciones generales de Bolivia

En las elecciones del domingo 20 de octubre, Evo Morales era uno de los cuatro candidatos punteros a la presidencia, postulándose para un cuarto mandato de otros cinco años más.

Aunque el conteo preliminar le daba una cierta ventaja respecto a su opositor más cercano, Carlos Mesa, necesitaba una diferencia del 10% sobre el mismo para poder ganar las elecciones en una primera vuelta. Sin embargo, los resultados apuntaban a que habría una segunda vuelta con unas cifras del 45,3% de Morales respecto al 38,2% de Mesa. Pero a las 20:00h de ese mismo domingo, ocurriría el desencadenante de esta crisis: el sistema de transmisión de resultados electorales preliminares (TREP) dejó de mostrar el conteo tanto en televisión como en su página web. 24 horas más tarde, cuando volvió la transmisión, Evo ya tenía la ventaja suficiente para ser presidente con un 46,86% respecto al 36,72% de Carlos Mesa. Finalmente, el Tribunal Supremo de Bolivia anunció los resultados del conteo completo de los votos, dando a Evo Morales la victoria en primera vuelta con un margen de más de 10 puntos con un 47,08% respecto al 36,51% de Carlos Mesa.

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Computo de votos al 100%. Imagen: Unitel

Ante esto, los observadores electorales internacionales de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la Unión Europea (UE) señalaron su preocupación, pues el cambio parecía muy «drástico y difícil de justificar».

Durante estos seis días posteriores a la jornada de votación, se han presentado protestas y disturbios en varias ciudades del país, con incendios en diferentes inmuebles y enfrentamientos entre opositores y la policía. Ciudades como Santa Cruz de la Sierra impulsaron a través del Comité Pro Santa Cruz un paro cívico indefinido, que paralizase la actividad de toda la ciudad, a lo que posteriormente se sumaron otros departamentos. Según la dirección del Comité Pro Santa Cruz, el paro sólo se levantará en el caso de que Morales acceda a ir a una segunda vuelta. Y mientras tanto, miles de personas se encuentran manifestándose en las calles, bloqueando cada rotonda y cada avenida, impidiendo circular a vehículos particulares y que los distintos comercios puedan abrir sus puertas. En ocasiones, un dictado aceptado por los propios comerciantes en pro de la democracia y en otras, obligados a acatarlo por miedo a las represalias de la población.

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Uno de los bloqueos en las carreteras durante el paro cívico en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Foto: Discipuli.es

Recientemente, se ha llegado a un acuerdo donde supermercados y mercados pueden seguir con su actividad durante unas determinadas horas de la mañana, aunque se aprecia una subida de los precios por parte de los vendedores, bien aprovechándose de la situación o por el hecho de que muchos de sus proveedores no estén faenando por el paro cívico indefinido. Esto también se ha traducido en vitrinas y estanterías vacías de los lugares de abastecimiento y largas colas por comprar productos básicos de primera necesidad, como carne, pan o leche.

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Estanterías y vitrinas vacías en un supermercado de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Foto: Discipuli.es

En definitiva, los manifestantes campan a sus anchas por casi todo el país, ya que la policía se encuentra acuartelada y únicamente se moviliza ante los avisos de daños a la propiedad pública y privada.

La OEA ha señalado y sugerido que se lleve a cabo una segunda vuelta ante las supuestas irregularidades en el conteo de los votos y como una salida para pacificar el país. Pero la respuesta de Evo no fue por el camino de la conciliación: afirmó que se estaba llevando a cabo un «golpe de Estado», declarando el estado de emergencia y pidiendo a sus votantes salir a «defender la democracia y el voto indígena», llamando a Mesa «delincuente» y «cobarde».

Por otro lado, continúan apareciendo pruebas que denuncian el fraude electoral supuestamente consumado por el gobierno de Evo Morales. El partido de Carlos Mesa, Comunidad Ciudadana, presentó cinco variables entre el Sistema de Transmisión Rápida de Datos Preliminares (TREP) y el sistema de Cómputo Oficial, que consiste en aumentar votos al partido de Morales (Movimiento Al Socialismo) para obtener ventaja sobre Comunidad Ciudadana.

A su vez, un equipo de ingenieros informáticos de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) de La Paz, desvelaron diferentes alteraciones en las actas computadas, donde al menos 1.085 actas sufrieron modificaciones para favorecer a Evo Morales y restar votos a Carlos Mesa.

Hasta el momento, las movilizaciones continúan por todo el país y el paro cívico se mantiene. La OEA se ha ofrecido a realizar una auditoría en Bolivia, lo que ha sido respaldado por la ONU. Faltaría por ver si los resultados de esta auditoría serían vinculantes en Bolivia y si tanto el gobierno como la oposición se comprometen a acatarlos.

Evo Morales está perdiendo a su país

Los mejores momentos del «proceso de cambio» de Evo Morales han quedado muy atrás, y es que el presidente de Bolivia llegó a alcanzar hasta el 80% de aprobación de sus ciudadanos. Un respaldo de la ciudadanía que le permitió consolidarse y desarrollar una Constitución para un modelo de país más plural e inclusivo. También logró impulsar un sistema económico basado en la nacionalización de empresas, lo que fue respaldado por los movimientos sociales. La producción de materias primas se tradujo en una más que notable estabilidad económica y en el crecimiento de la clase media. Todo hay que decirlo, las cifras oficiales están ahí y es notorio que la pobreza se ha reducido drásticamente en la población.

Pero no todo ha sido positivo en los tres mandatos de Evo Morales. El presidente también ha jugado malas cartas en determinadas situaciones. Entre sus grandes pecados está el uso del poder judicial como un arma contra la oposición, los continuos casos de corrupción o la escasa atención en la salud y la educación. Además, en los últimos años hemos visto a un Evo Morales narcisista, que mandó construir un museo en su honor, con un coste superior a los 7 millones de dólares.

Sin lugar a duda, el origen de su ‘caída’ se remonta al referéndum del 21 de febrero de 2016, cuando pese a que la población rechazó que volviese a presentarse a un cuarto mandato (que no contempla la Constitución), hizo oídos sordos y se presentó con la connivencia del Tribunal Constitucional (dominado por su propia gente). Pero el vaso terminó de derramarse con los incendios forestales de este año, que provocó que el gobierno se debilitase más todavía debido a la forma en que abordó la crisis.

Evo Morales logró muchas cosas durante más de una década, rompiendo la brecha entre la parte occidental y oriental de Bolivia, castigando el racismo e impulsando una economía que ha mejorado la calidad de vida de muchas personas, sobre todo en las zonas rurales.

Ahora Evo Morales sigue gobernando, pero carece de legitimidad para la mayoría de la población. Gran parte su electorado más fiel se sigue hallando en el campo, pero ha perdido una parte muy importante de las ciudades.

Aquel humilde sindicalista cocalero que irrumpió en la política para enfrentarse al poder se ha pasado al otro lado, resguardado en el palacio que se construyó cuando se sentía amado por el mundo entero, en el que creía que permanecería para siempre hasta su muerte. Pero el pueblo ha hablado y ha lanzado un mensaje claro: no se puede quebrantar la voluntad de un pueblo sin sufrir las consecuencias.