La efervescencia de Vox en forma de 52 escaños

El partido que lidera Santiago Abascal se coloca como tercera fuerza política a nivel estatal y en la Comunitat

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La emoción y las ganas de celebrar un buen resultado inundan la sede de Vox desde antes incluso del cierre de los colegios electorales. Una vez el reloj da las 8 y los sondeos a pie de urna comienzan a ser publicados, la ilusión empieza a abordar a los simpatizantes al mismo tiempo que la cautela no deja que manifiesten su verdadero ánimo. La posibilidad de conseguir el sorpasso a Ciudadanos y a Unidas Podemos empieza a estar más presente que nunca.

Conforme las mejores previsiones se van produciendo, son cada vez más los que llegan al céntrico hotel valenciano escogido por Vox para su esperada, pero no asegurada, celebración.

Por encima del color verde, lo característico de los presentes es la expresión de alegría y el símbolo de la victoria, a los que acompañan con cánticos y expresiones de júbilo.

Con el escrutinio casi terminado, el cabeza de lista de Vox al Congreso por Valencia, Ignacio Gil Lázaro, se coloca con determinación frente al atril y, con voz triunfante y pausada – como si quisiera alargar los minutos que este momento dura-, da las gracias a  todas las personas que han dedicado su tiempo y dejado de lado su trabajo para conseguir este hito.

Frente a él, el público levanta banderas españolas al tiempo que continuos “viva España” hacen de nexo entre una frase y la siguiente.

De repente, una televisión se enciende y todos callan. En la pantalla hace acto de presencia el líder de Vox, Santiago Abascal, quien acaba de salir al balcón de la sede nacional para celebrar el resultado. Tras el típico y necesario agradecimiento a sus votantes, recita por provincias los escaños que la formación ha conseguido y al pronunciar Valencia, la sala se llena de vítores.

Al final de la celebración, a través del micrófono del atril también manifiestan su entusiasmo el presidente provincial de Vox, José María Llanos; la número dos al Congreso, Cristina Esteban y el número tres, Julio Utrilla. Junto con Gil Lázaro, parecen una fotografía idéntica a la que en Madrid componen Abascal, Ortega Smith, Espinosa de los Monteros y Monasterio.

Pasada ya la media noche, la sala comienza a quedarse vacía. No parece haber muchas ganas de retirarse a descansar, pero deben de ser conscientes de que en unas horas toca mudar de la alegría electoral al trabajo institucional.