La conocida como Opinión Pública por los académicos es la tendencia o preferencia, real o estimulada, de una sociedad o de un individuo hacia hechos sociales que le reporten interés. Una sociedad que busca formas de entender la importancia de saber cómo  entender el mundo que nos rodea y la cual siempre estará influenciada por distintos factores porque siempre habrá situaciones o imágenes nuevas que modifiquen sus opiniones, tal y como se dice en ‘Los problemas de la opinión pública’ de Vicent Price:

“Los descubrimientos empíricos que tratan sobre cómo se desarrolla y opera la opinión pública en la sociedad no pueden por menos que interpretarse a la luz de cómo consideramos que debería funcionar la opinión pública”.

Uno de los grandes problemas de ellos podría ser que “nos pasamos la vida oyendo que nos debemos formar para poder ser personas válidas y poder encontrar trabajo para toda la vida” tal y como explicaba el joven emprendedor Euge Oller. Este conocimiento se ha basado en lo que ello reportaba, es decir, poder cumplir con los estereotipos de éxito y felicidad que había en la época: Tener una vida cómoda y poder formar una familia. Esos ideales siguen imperando en una sociedad que da más opciones que estas dos, pero nos seguimos limitando a ellas porque los pasos para cambiar no se dan correctamente.

A este respecto, el texto de Price decía que hay un “problema de importancia que concierne a los analistas de la opinión pública es el peligro de que prevalezca una mediocridad en la opinión – el menor denominador común – creada y mantenida por la presión de la mayoría” es decir, que el entorno que nos rodea nos hable constantemente de cómo debemos actuar y cuál debe ser nuestra mentalidad ante cualquier tema.

Con situaciones como estas, podemos llegar a encontrarnos con una situación de desconocimiento sobre temas con cierta relevancia y cometer errores sonados como el de un turista que visitaba Santiago de Compostela y tuiteó indignado por la idea de que la plaza más importante de la ciudad se llamase así por el equipo de baloncesto

Esto resulta realmente preocupante al tener en cuenta que la situación es al revés, siendo el equipo de baloncesto el que se llamó así por uno de los referentes turísticos más importantes de la ciudad.

Una imagen puede considerarse una obra de arte o un error según la percepción de quién la mira. / Foto: José Ramón Alba Bennlloch / Sofía, Bulgaria

Formación, Sobreinformación y redes sociales

Pero para poder entender que piensa realmente la sociedad al respecto hay que tenerla en cuenta. En este caso para saber si la sociedad si se siente bien formada para el contexto en el que vive, si dicho ecosistema esta sobre informado y si las redes sociales afectan a ello. Gente como Paula Lloret, estudiante de CAFD (ciclo medio de educación física), es rotunda en sus afirmaciones:No, porque nos forman muy bien de cara a la cultura general pero no para la vida cotidiana como comer o estar en un sitio formal, se entiende en el seno familiar o porque alguien te lo dice. Hay sobreinformación, ya que la mayoría (de las cosas que se dicen) son mentira o (se dicen) de la misma forma que el que te lo vende no para sacar conclusiones si no para que piensen igual que ello, las redes sociales son relevantes se mueven por ahí. Poca gente sigue sentándose a leer el periódico, porque a la gente le llegan las noticias mediante redes sociales, ya sea en forma de meme o como mensaje, y eso hace que nos llegue una información que busca adoctrinarnos en vez de darnos la información al natural.” 

Con ello, da pie a otra de las técnicas que se suelen poner en liza de forma académica para estudiar la comunicación política, llamada framing, es decir que aquellos que tienen poder indiquen al resto de la sociedad sobre que debamos hablar para posicionarnos en un ‘bando’ u otro, buscando que otros temas (en la mayoría de las ocasiones, de gran relevancia) se queden fuera del alcance público.

Por su parte Vicente Nebot, licenciado en Filología Inglesa y profesor de inglés afirma que “se supone que debemos estar bien (informados) porque las personas jóvenes tienen más acceso a la información, ya sea por redes sociales o por buscadores de internet o prensa tradicional. Si que debería haber más conciencia moral, dado que un mal uso de la información puede desencadenar actos poco acordes con lo que ocurre en la realidad. Hay sobreinformación por algunos temas debido al apogeo de las redes sociales y el fácil acceso a sitios web como Twitter, Facebook, Instagram o diarios online. Estamos en la edad de la tecnología y más información puede provocar a veces el efecto contrario, es decir, el de desinformar. Deberíamos cuidar más lo que publicamos en las redes sociales porque se nos puede volver en nuestra contra, por lo que habría que controlar lo que publicamos en ellas

Este tipo de reflexiones no llevan a pensar en estas palabras de la diputada del Partido Popular por la circunscripción de Barcelona, Cayetana Álvarez de Toledo: “cuando ETA mataba era un momento terrible desde el punto de vista humano”, aunque desde su punto de vista “el momento político actual es más difícil” debido a que en aquella época se unieron “PP y PSOE en el mismo bloque“. El acceso a la comunicación nos puede hacer libres o someternos a creer todo lo que nos digan, tal y como afirmaba Gloria Casañ, autónoma en una relojería, quién también coincidía con lo afirmado por los demás entrevistado, pero añadiendo algún matiz a tener en cuenta: “la sociedad no está bien formada y en especial la gente joven. Las redes sociales y la tele distorsionan la realidad, provocando que no se muestren tal y como es. La gente joven nace aprendida (para algunos temas), aunque mucha información es mala”.

En cambio, Juan Aguado que también es autónomo, era más optimista al respecto “Si, (especialmente) la gente joven tiene muchos medios para que la vida sea más confortable porque esa es la dirección en la que va el mundo, mínimo esfuerzo y máxima comodidad. Hemos pasado de ir en burro o en bicicleta al coche, tren y avión. Respecto al exceso de información y el uso de las redes afirmaba que cuando se filtran información que no gustan a cierto sector “meten miedo porque una sociedad así es más manipulable.”

La relevancia de la ‘hiperconexión’

Teniendo todo lo anterior en cuenta, la definición de Opinión Pública según Jordi Berrio, Profesor jubilado del departamento de Medios, Comunicación y Cultura de la UAB cobra más sentido: “opinión pública es el conjunto de las opiniones compartidas por unos individuos (tras un proceso de discusión), reunidos en calidad de público opinante, sobre cuestiones que tienen una notoriedad pública tal que pueden provocar la articulación de posiciones contrapuesta, las cuales serán expresadas de manera explícita, a través de los medios de comunicación y legitimarán las decisiones que se puedan tomar al tenerlas en cuenta”.

 Si tomamos como referencia esta última acepción podremos encontrarnos en la situación de cualquiera puede tener voz en un tema de terminado, pero solo aquellos que sean capaces de mostrar un discurso coherente deberían ser escuchados, especialmente aquellos que son relevantes, pero a los que tal vez, solo se les de voz cuando hay interese detrás.

 Cogiendo uno de los temas de moda como el del cambio climático y viendo que se habla en las redes sociales, donde uno de los nombres que se ha empezado a ver en redes sociales es el del joven Boyan Slat, creador de ‘The Ocean Cleaner’, proyecto que usa las corrientes marinas del Océano Pacífico como recurso para recoger toda la suciedad que se ha acumulado en esta masa de agua salada. 

Su voz se oye menos que la de Greta Thunberg, la joven sueca, que acaparaba todas las miradas en la cumbre del Cambio Climático por toda la fama que le precede sin que se le conozca trabajo alguno al respecto. Sin embargo, la joven sigue teniendo mucho seguimiento en redes sociales y sus interacciones siguen teniendo mucho interés en una gran parte de la población joven. Las dos posturas, son un ineludible resultado de todo lo que se mueve en una sociedad que busca encontrar una idea o cultura acorde con sus necesidades para tratar de entender que deben hacer con su vida.

Este último hecho nos llevaría a la cita del sociólogo canadiense Guy Rocher, para el cuál la cultura es “un conjunto trabado de maneras de pensar, de sentir y de obrar, más o menos formalizadas que aprendidas y compartidas por una pluralidad de personas, sirven de un modo objetivo y simbólico a la vez, para constituir a esas personas en una colectividad particular y distinta”, es decir, una sentirse parte de un colectivo por parte de una idea u otra te hace estar conectado o no dentro de una forma de pensamiento, que de una forma u otra acabará provocando informaciones y pensamientos de todo tipo.

Una imagen puede considerarse efectista o forzada según el interés de quién la mira / Foto: José Ramón Alba Benlloch / Moncada (Valencia, España)

Tras observar cómo piensa un sector de la sociedad y como cree que su entorno actúa en consecuencia a ello, habría que volverse a remitir al texto analítico de Price para encontrarle sentido exponiendo que “la cuestión clave es si los procesos de la opinión pública en su actuación natural son, de hecho, realmente democráticos en el sentido implícito en las primeras nociones de la Ilustración; en otras palabras, si la «verdadera» opinión pública, o la que influye en la elección política” y afirmaba que “está en realidad formada por una comunicación igualitaria, de arriba abajo, de los intereses públicos y las ideas a los políticos.” Tal vez pueda parecer un error esta afirmación, sin embargo, en una sociedad tan formada para unas cosas y poco para otras a la que le llega información cada segundo de su vida que lo deseé, pero también darla tiene en consecuencia una clase política que se sentirá juzgada por lo que ocurra y obligada a moverse en correspondencia para salvar su imagen, pudiendo frenar o fomentar el desarrollo de la sociedad que lideran y que les legitima si lo cree conveniente.

Artículo redactado por: José Ramón Alba Benlloch