Hablar con hechos frente a problemas mundiales

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Roma
La Citta Eterna con todo su esplendor

Inmigración, mendicidad y eliminación eficiente de residuos son tres temas muy presentes en la agenda política romana. La falta de soluciones ha convertido en normal una situación vergonzante a ojos de Europa. Aún quedan algunos héroes sin capa que hablan con obras para cambiar la situación, la ironía es que son gente procedente de la inmigración.

Roma, ciudad de contrastes  

Roma es una ciudad de contrastes. Historia y cultura se mezclan con cantidades de basura acumulada. Cada rincón es un pulso entre belleza y suciedad, dos realidades muy diferentes, pero, que en una ciudad como Roma siempre van de la mano. La raíz de este problema, aseguran algunos romanos, es la mala gestión de los políticos. Según datos de 2016 de la compañía AMA, empresa encargada de la recogida de residuos, en Roma se producen 4.600 toneladas de basura al día, de las que solo se recuperan 2.000 para su posterior reciclaje, el resto se pierde en las inmensidades de la ciudad. La poca inversión en limpieza es una obviedad, que se ve mucho más patente cuando se visitan los barrios más periféricos. Y la inmigración no puede pasar desapercibida.

Plaza de San Pedro
Desperdicios de comida en la Via de la Conciliazione // Carlos Colomer

Cerca de 5.000 personas viven en condiciones extremas

Otro de los grandes contrastes de Roma es la gran presencia de mendigos en sus calles. En todas las grandes capitales hay un alto índice de mendicidad, pero, como en todo, Roma es especial.  Vayamos a los datos. Según fuentes oficiales, en Roma viven cerca de 5.000 personas de etnia gitana en condiciones extremas, 7.500 viven en alojamientos precarios, y, entre ellas, al menos 3.000 están absolutamente desamparadas. En su mayoría son inmigrantes. Personas que llegaron a la Cittá Eterna en busca de oportunidades, pero las circunstancias de la vida, cada uno con su historia, les arrojaron a los aledaños del Vaticano a pedir dinero con un vaso del McDonald’s.

Muchos mendigos de Roma duermen bajo la columnata de Bernini que rodea la Plaza de San Pedro, y esto es una prueba gráfica que evidencia la Roma de los contrastes llevada a su máximo exponente: las personas en situación de calle buscan cobijo bajo el calor y la belleza del barroco romano. Estoy seguro de que Bernini se sentiría orgulloso.

Mendicidad en Roma
En Roma esta imagen es habitual // Fuente: OJODIGITAL

Belleza, suciedad y pobreza, tres realidades fusionadas en cada esquina de la capital italiana, se han convertido en parte de la cotidianidad romana, y esto es un problema que deja suspendido en el tiempo el estudio de posibles soluciones. Mientras durante décadas los turistas siguen haciendo juicios negativos por estos contrastes evidentes, pasan los años, y los siglos, y la Ciudad Eterna sigue sin encontrar soluciones al problema.  

Basura en Roma
Contenedores desbordados, otra imagen muy común // Carlos Colomer

En estas circunstancias de bloqueo, en las que la gente tiende a quejarse y mirar hacia otro lado, existen algunos héroes sin capa, que pasan desapercibidos en la inmensidad de una ciudad de casi tres millones de habitantes. La historia de Frank Daniel es solo una gota en un océano de problemas, pero supone un pequeño motivo de esperanza en las inmensidades de la Città Eterna.

 Un viaje de más de 3.000 kilómetros                                                                       

En 2016 murieron 5.143 personas ahogadas en el mediterráneo, todas ellas iban camino del sueño europeo. Si, también niños. Ese mismo año, Frank Daniel llegó a Italia después de cruzar con éxito el mare nostrum junto a su mujer y sus dos hijos. Embarcaron en Libia, en un barco con más inmigrantes, pero su viaje había comenzado 3.000 kilómetros atrás, en Nigeria, su país natal. Simplemente, asegura Frank, tuvieron una suerte que algunos familiares, amigos, compatriotas o compañeros de viaje no habían tenido. “Nuestro barco era bueno, tuvimos suerte, teníamos mucho miedo porque conocíamos algunas personas que no lo habían conseguido, y no sabíamos nadar”, dice en un inglés africanizado.

En 2016 murieron 5.143 personas ahogadas en el mediterráneo

Después de más de un mes de viaje, lleno de incertidumbres y problemas, consiguieron llegar al primer mundo. Todos los problemas de su vida pasada quedaban atrás, y ahora tocaba resetear, comenzar un nuevo proyecto en un país muy diferente al suyo. ¿El objetivo? Hacerse italianos, hacer propia la cultura y las tradiciones, aprender la lengua y aportar a la sociedad. Estos son los problemas de la inmigración.

Frank Daniel
Frank Daniel con su material de trabajo // Carlos Colomer

Y por fin Roma. Y Frank no tardó en entender los dos problemas más que evidentes de la capital: suciedad y mendicidad. Decidió intentar acabar con ambos poniendo su granito de arena. No quería pasarse el día pidiendo dinero en la calle, quería aportar, hacer cosas útiles, y comprendió que en Roma hacía falta gente dispuesta a arremangarse y hablar con actos, que con palabras es muy fácil, y más en Italia. Y con ello, demostrar que los inmigrantes pueden aportar y mucho. Y enseñar a occidente que no son una carga, sino un tesoro en un continente viejo que se muere por la falta de natalidad. Se encontró una escoba en un contenedor, consiguió bolsas de plástico en un supermercado, y así, todavía sin recogedor, seleccionó varias calles, se hizo un horario y comenzó a limpiar Roma.

 

De lunes a viernes, de 9:00 a 12:00; regalando un “buongiorno” con acento extranjero junto a una sonrisa de oreja a oreja y con un discreto cartel que explicaba su trabajo y situación, empezó a “quitar el polvo” de los rincones de una ciudad que lo estaba pidiendo a gritos desde hacía mucho tiempo. El resto del tiempo quedaba para aprender italiano por su cuenta, buscar trabajo y, sobre todo, cuidar a su familia, que, para él, es lo más importante.

Esto es lo que se puede leer en el cartel que expone cuando trabaja: “Gentiles señores y señoras, deseo integrarme honestamente en vuestra ciudad sin pedir limosna. Hoy limpio el suelo de vuestras calles. Agradecería mucho si me pueden ayudar con una ayuda de 50 céntimos por mi trabajo. Bolsas de basura, escobas, recogedores o cualquier otro material de limpieza son bienvenidos”.

Frank Daniel explica que mucha gente admira su trabajo y recibe numerosas muestras de agradecimiento. Pero para él no tiene ningún mérito: “yo siempre he trabajado mucho, y para conseguir dinero hay que trabajar, y si no hay trabajo hay que inventárselo”. El dinero que gana no le basta para mantener a su familia, pero es una cantidad significativa y que evidencia la voluntad de los romanos por querer una ciudad más limpia.

Al principio tuvo algún problema con la policía, porque, aunque parezca irónico, lo que hace es ilegal. Pero cuando la policía entendió la situación decidió mirar para otro lado, lo que supuso la definitiva confirmación de que iba por el buen camino.

Asegura que no es el único inmigrante que ha tomado esta iniciativa: “Tengo amigos que hacen lo mismo, la ciudad está muy sucia y sería absurdo quedarse en una esquina pidiendo dinero. Si limpiamos aportamos, y los italianos nos ven de otra forma”. Le gustaría que en un futuro su iniciativa se pudiera profesionalizar, y que muchas personas con mala situación económica pudieran colaborar en la limpieza de la ciudad con el apoyo material y económico de las autoridades: “Es absurdo que haya tanta gente pidiendo limosna y que la ciudad esté tan sucia, y esta sería una buena solución para los inmigrantes que llegamos sin trabajo”.

Su ejemplo rompe estereotipos, y es que en Italia ahora está de moda demonizar la inmigración. Y su ejemplo es otra medida que podría ayudar a solucionar esta problemática.

El 10% de la población italiana es inmigrante  

“Italia” e “Inmigración” siempre han sido dos palabras con una estrecha relación. Desde 1870 hasta 1960, se produjo una llegada masiva de italianos a Argentina. La situación económica, el clima, la semejanza de idiomas o la guerra fueron los desencadenantes de este movimiento migratorio a gran escala. ¿El resultado? Entorno al 65% de la población argentina tiene sangre italiana. Hasta el mismísimo Papa Francisco (Bergoglio en su querida Argentina) es descendiente de inmigrantes italianos.

Otro destino recurrente fue Estados Unidos. Desde 1820 a 2004, 5 millones de italianos han ido en busca del sueño americano. La mayoría a principios del siglo XX. Brasil también fue un destino muy común entre los italianos que buscaban nuevas oportunidades.

Ahora, ironías de la historia, es Italia la encargada de acoger inmigrantes en su país. No sin antes ser un tema polémico, y sino que le pregunten a Salvini.

En Italia viven alrededor de seis millones de inmigrantes, lo que supone un 9,77% de la población italiana

Según datos publicados recientemente por la ONU, en Italia viven alrededor de seis millones de inmigrantes, lo que supone un 9,77% de la población italiana. En los últimos años, el número de inmigrantes que viven en Italia ha aumentado en un 1,76%. La inmigración es un tema que marca la agenda política italiana, se trata de una cuestión de difícil gestión y, por tanto, polémica. Pero no solo se trata de un problema italiano, las crisis migratorias están afectando a todos los países europeos. Las propuestas para su correcta gestión son muy diversas, pero encontrar la respuesta perfecta desde el punto de vista económico, social y político no es sencillo, ya que la inmigración es compleja.

En este contexto, Frank Daniel comprende que los inmigrantes tienen que aportar: “aunque huyamos de una mala situación no es excusa para no trabajar. Aquí venimos a aportar”. Y cree que los malos comportamientos de las personas inmigrantes, motivo principal por el que la ultraderecha aboga por controlar radicalmente la inmigración, son una minoría comprensible, ya que son personas que han sufrido mucho, pero nunca justificable.

El control de las mafias, la economía, el trabajo y la delincuencia son las piezas principales de este complicado rompecabezas, y del que no es fácil encontrar una solución unánime aplicable a todo el territorio europeo, ni siquiera italiano. Lo que está claro es que la propuesta de Frank Daniel es un destello de luz en un túnel en el reinaba la oscuridad. ¿Puede la inmigración mejorar la sociedad? Frank habla con hechos.

Algo más que una bonita historia

El testimonio de vida de Frank Daniel aspira a ser algo más que una historia bonita. Está claro que no es la solución definitiva, pero la profesionalización de su iniciativa podría ser parte de la medicina para curar a Roma de sus cánceres más extendidos, y así dejar de criminalizar de manera generaliza la inmigración.

Tiene gracia que en una sociedad democrática, supuestamente moderna y avanzada, sean las iniciativas personales de personas sin recursos las que ayuden a hacer, aunque solo sea un poco, la vida más agradable a los demás.