Entre el coronavirus y el hambre

Hace ya 56 días que se declaró el estado de alarma en España. Algunos más, desde que la OMS declarara el coronavirus pandemia. Desde entonces, hemos puesto el foco en la enfermedad, nuestras vidas se han llenado de datos y cada día nos hemos preocupado de ver la evolución de esa curva que debíamos doblegar para poder salir. Pero detrás de esas cifras, hay otras que no se cuentan, que no nos paramos a pensar. Son las cifras de pobreza.

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Coronavirus: CA LA MARE repartiendo durante la pandemia
Ca La Mare repartiendo alimentos durante la crisis del coronavirus

A menudo vemos en la televisión publicidad a favor de algunas ONG para ayudar en la crisis del coronavirus, pero hay otras muchas ONG, que por su tamaño no vemos y que están los 365 días del año pendientes de quien más lo necesita.

Actualmente están atendiendo a 2886 familias. Entre las cifras hay familias en riesgo de exclusión social que ya percibían ayudas por parte de la organización antes de la crisis del coronavirus, pero otras muchas son familias que han sufrido un ERTE y aún no han cobrado, afirma la responsable de Ca La Mare.

Rodríguez cuenta que su tarea se basa en recoger el excedente de los supermercados y empresas colaboradoras y preparar un lote de alimentos para 15 días. Los voluntarios con coches y un camión reparten estos alimentos en rutas, y cada 15 días repiten la misma ruta.

Los voluntarios de esta entidad están repartiendo gracias a la ayuda particular de la gente que les ha ayudado para costear la gasolina. “Solo tenemos una ayuda del ayuntamiento que son 2700€ correspondientes al ejercicio 2019 pero aún no la hemos cobrado. No hemos tenido otro remedio que pedir ayuda porque sin la ayuda no podíamos mover los vehículos para recoger y repartir alimentos” explica Giovanna Rodríguez.

Entre las familias a las que reparten hay una que vive en los Bloques Portuarios del Cabanyal y cuenta Rodríguez que cuando los vecinos vieron descargando al camión salieron en masa para ver si podían conseguir comida ellos también. “El voluntario que hacía el reparto les facilitó el teléfono de la sede y ahora tenemos cinco familias más en estos bloques. A medida que se mueve el camión más gente nos solicita ayuda”. Les sucede lo mismo con las publicaciones que ponen en su cuenta de Facebook, pues las cifras de gente que necesita ayuda se han disparado a causa del coronavirus.

Giovanna se pregunta con una mezcla de extrañeza e indignación dónde están las entidades que reciben ayudas públicas mucho más elevadas que la suya y que tendrían que estar repartiendo en la calle y ayudando a la gente que lo necesita.

Afirma que la gente que les llegue es porque han intentado contactar con las entidades más reconocidas y no han obtenido respuesta. No quiere dar nombres de esas entidades por prudencia, pero se siente indignada. “Nosotros estamos los 365 días del año y sin apenas recursos estamos sacando a toda esa gente adelante para que pueda comer, me gustaría saber dónde está el resto, que son quienes tienen las subvenciones” afirma con indignación Rodríguez.

Además de repartir alimentos a las familias que lo necesitan, dos días a la semana, los voluntarios de Ca La Mare, salen para llevar menús cocinados a las personas sintecho. Se reparten entre 75 y 100 menús al día, según cifras de la ONG.

“Cuando pasa la policía los sintecho se esconden en los árboles para no ser vistos

Giovanna Rodríguez todavía no sale de su asombro. Cuenta cómo se anunció “a bombo y platillo” que se iba a habilitar el polideportivo del Cabanyal para acoger a todas las personas sintecho que están en la calle. Afirma que tiene vídeos de los sintecho que está en la calle y se asombra de las declaraciones de la concejala de Servicios Sociales y Vivienda del Ayuntamiento de València, Isabel Lozano, que descarta por el momento abrir el polideportivo de El Cabanyal para acoger a personas sin hogar durante la pandemia por falta de demanda. Rodríguez asegura que los sintecho permanecen en las calles de Valencia, en muchos casos con tiendas de campaña. No quiere dar más detalles sobre su posición, pues asegura que tienen miedo de que los desmantelen y tengan que buscarse otro sitio. “Cuando pasa la policía se esconden en los árboles para no ser vistos”.

Esta pandemia del coronavirus nos está dejando historias como la que cuenta Belén Abad, responsable de València es Refugi. Una madre desesperada que vive sola con su hijo de 11 años que por azar acaba llamando a la ONG.

Ella limpiaba casas sin asegurar. Cuando se decreto el estado de alarma se quedó sin trabajo y no puede acceder a ninguna prestación por no tener contrato de trabajo. Empieza el camino que marcan las instituciones valencianas para acceder a un plato de comida para su hijo. Pasan las semanas. Más de 100 llamadas a servicios sociales. Nada. Se acaba el dinero, la comida de la despensa y no tienen recursos. Es una de las familias a las que, junto con Ca La Mare, han dado comida para poder sobrevivir un tiempo hasta que empiecen a llegar las ayudas.

Los servicios sociales están saturados, afirma Abad, no llegan las ayudas de emergencia, están tardando 15-20 días. “Ya hemos acortado bastante que antes de la Covid estaban en 2-3 meses. Han reforzado, no están pidiendo tantos requisitos y va más rápido”. “Nos estamos encontrando es que hacemos transferencias y a los bancos pasan comisiones de mantenimiento de la cuenta. Si la tienes a 0€ o a poco, cuando entra dinero te cobran la comisión, por tanto, a la gente que le haces la transferencia que necesita el dinero para comer, le pasas 50€ y pueden sacar 20€. Estos meses trabajando así estamos pagando las comisiones a los bancos porque luego les tienes que volver enviar dinero, no les puedes dejar con 20€” afirma Belén Abad, que se muestra enfadada con la situación.

“Hemos estado intentando abrirle una cuenta, pero como es de Pakistán no interesa a los bancos”

Pese a su enfado tiene una buena noticia, y es que ha recibido un correo comunicándole que para recibir las ayudas se podrá utilizar una cuenta de otra persona, sin que el beneficiario de las ayudas sea titular de la misma.  “No se pueden abrir cuentas por el estado de alarma y hay mucha gente que no tiene cuenta bancaria asegura Abad. Uno de los chicos que atiende València es Refugi, cuenta Belén Abad, que estaba trabajando en un restaurante y en la nómina tenía incluidos dietas y alojamiento. Le pagaban en mano porque estaba allí y cuando declararon el estado de alarma le hicieron un ERTE.

Ahora no puede cobrar porque no tiene cuenta. “Hemos estado intentando abrirle una cuenta, pero como es de Pakistán no interesa a los bancos, además el BBVA te contesta así cuando llamas. <<Si es de Pakistán no nos interesa>>. Pero es que tiene nómina y es para ingresar un ERTE.  Estamos intentando ayudarles como podemos. Metieron el número de cuenta de un amigo y ya veremos si le pagan o no le pagan” cuenta la responsable de València es Refugi.

Desde València es Refugi están atendiendo aproximadamente a unas 40 personas en estos tiempos de coronavirus, pero al ser una asociación pequeña se apoyan en la red de entidades solidarias para hacer frente y poder atender al máximo número de personas posibles. “Ca La Mare reparte a algunos, la asociación de pakistaníes reparte a otros… y así vamos” apunta Abad.

Vehículo de la asociación de pakistanies preparado para el reparto
Vehículo de la asociación de pakistaníes preparado para el reparto

“Se les están haciendo envíos de alimentos, a través de parroquias, de asociaciones, etc. Y a quien tiene algo de comida decirle, <<quítale un poquito a cada uno y añade a uno más>>. Porque encima las donaciones de los supermercados están bajando porque o bien lo venden todo o no compran tanto porque lo que iba a caducar ya no están dando tanto. Si te reducen las donaciones y hay más gente que necesita comida… señala Belén

Respecto a la medida del gobierno de facilitar el permiso de trabajo a los menores migrantes durante la pandemia del coronavirus, la responsable de la ONG ve un problema, y es que la mayoría de estas personas viven en grandes ciudades que sus pueblos colindantes son ciudades dormitorio, por lo que no pueden ir a trabajar a ningún sitio.

Lo ideal sería que, aparte de tener papeles para todos, se pudieran mover de una provincia a otra, sugiere Abad. Se están quedando las cosechas. Los españoles van y aguantan dos días. Igual no pueden venir doscientas personas de Bulgaria pero hay seiscientas mil personas sin papeles en España. Si los dejaran moverse de la zona donde estén a la zona del campo podrían coger las cosechas. El campo la mayoría es en negro y la gente que trabaja en el campo es gente sin papeles porque si no, no aguantan. Que los dejen trabajar y moverse de una provincia a otra”.

Belén afirma que han abierto más albergues para dar cabida a todos los menores inmigrantes por la situación del coronavirus. Aunque en el albergue de Godella son 10 por habitación y el Hostal La barraca son 3 por habitación.

No ha salido algo que nos favorezca a nosotros como inmigrantes afirma uno de los inmigrantes que ha tenido que pedir ayuda a València es Refugi.

<<Es imposible ahora trabajar,  si no hay papeles no se puede hacer nada>>

Cuenta que antes tenía trabajo informal, a ratos.Nada constante porque es difícil encontrar trabajo con inmigrante, pero íbamos subsistiendo. Trabajábamos mi madre y yo. Mi padre y mi mujer no tenían trabajo. Ahora con el coronavirus no estamos trabajando ninguno”.

Este inmigrante que prefiere mantenerse en el anonimato afirma que llamó a unos señores con los que estuvo trabajando hace unos meses en el campo para pedir trabajo. “Me dicen que es imposible ahora trabajar, que si no hay papeles no se puede hacer nada. Es duro

“Se ha dicho que iban a regularizar la situación de los inmigrantes, pero solo a las personas con tarjeta roja les han dado trabajo en el campo. Si tienes tarjeta blanca tendrás que esperar a que pase esto y a ver qué pasa” asegura esta persona.

En su familia son cinco personas, tienen un niño pequeño de cuatro años. Su casa es pequeña y viven más personas: el chico que les alquila la casa, su hermano y la mujer de su hermano. En total son ocho personas una casa. “En el momento en que mi madre y yo estábamos trabajando estuvimos pensando en alquilar un piso, pero con esto de la pandemia del coronavirus no pudimos concluye.

Este chico se siente afortunado por tener una vivienda. Él y su familia están viviendo con un chico que también es inmigrante y tiene trabajo y no les está cobrando alquiler. Para la comida habló con Belén Abad y hay un voluntario de Ca La Mare que les lleva la comida. “Si no, nos movemos en busca alguien que nos pueda prestar dinero para conseguir lo importante que es la comida. Es la primera vez que pedimos ayuda, pero no teníamos otra opción. Si nos dejaran salir para poder trabajar encontraríamos algo donde trabajar”.